¿El ayuno es bueno o malo para la salud?

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“Cuando un hombre no tiene nada de comer, ayunar es lo más razonable que puede hacer”. Buddha

Parece que el ayuno está de moda, pero en realidad no es algo actual. Aquellos que han vivido épocas difíciles saben perfectamente lo que es el ayuno involuntario, y creyentes de diversas religiones lo practican, desde los católicos con el ayuno y la abstinencia de Cuaresma, hasta los musulmanes en el mes de Ramadán.

Pero, independientemente de temas religiosos, ¿es bueno ayunar como dieta? Como en casi todo, depende. Lo fundamental es que cualquier dieta (incluya ayuno o no) tiene que ser supervisada por un médico o nutricionista, si no quieres tener problemas de salud. Te irá bien tener un seguro médico que te permita elegir especialista, ya que puede que no te guste el que te toque por defecto.

Hay varias dietas relacionadas con el ayuno. La principal es la del ayuno intermitente o IF (Intermittent Fasting), que dicta diversas pautas para alternar periodos de ayuno (o una reducción calórica drástica) con periodos de ingestión de alimentos. Tiene defensores que afirman que permite descansar al sistema digestivo, depurar el hígado o incluso mejorar la salud cardiovascular. Pero también tiene su «lado oscuro».

 

LA EXPERIENCIA DE ANA CON EL AYUNO INTERMITENTE

Ana no notó ninguno de esos supuestos beneficios, al contrario. Ella decidió probar esta dieta siguiendo la regla 8/16, porque lo había visto en Internet. Se trata de hacer 2 comidas al día cada 8 horas y ayunar 16 horas. Así que el lunes, su primer día, no desayunó y se fue directamente a trabajar.

Ana es comercial y tiene bastantes reuniones con clientes que le obligan a desplazarse. Fue una de las mañanas más largas de su vida. Estaba muerta de hambre, no dejaba de pensar en que llegasen las dos de la tarde para comer y por momentos se sintió incluso débil. A la hora de comer se abalanzó sobre los platos, y aunque no comió demasiada cantidad, sí que fueron alimentos bastante nutritivos. La sensación de empacho al rato fue notable.

La digestión pesada y cierta somnolencia le acompañaron toda la tarde pero no le costó esperar hasta pasadas las 10 de la noche para cenar, era su hora habitual. Preparó pollo a la plancha con verdura y fruta de postre. Cuando se fue a la cama se sentía bien, sin hambre, aunque le costó bastante dormir.

Lo peor volvió a ser el martes por la mañana, saber que no podía desayunar nada y que hasta las dos no probaría bocado… lo único positivo es que llegó antes al trabajo por no invertir tiempo en desayunar. Eso sí, ni hablar de acercarse a los compañeros de la oficina a la hora del café con el estómago rugiendo hambriento.

A media mañana se sumó al hambre el dolor de cabeza. Le costaba concentrarse en algo que no fuese lo que iba a comer más tarde y estaba de mal humor. Por suerte no tenía reuniones fuera de la oficina. Cuando llegó la hora de la comida volvía a tener muchísima hambre. Comió mucho, demasiado, y por la tarde su productividad en el trabajo fue casi nula. Dolor de cabeza, somnolencia y digestión pesada… mala combinación para trabajar y ¡casi para cualquier cosa!. Llegó a la cena sin hambre ni ganas de nada. Solo quería acostarse, pero pensando que pasarían 16 horas hasta volver a comer acabó cenando algo ligero.

El miércoles por la mañana se levantó algo mejor, pero decidió que el ayuno intermitente no era para ella. Apenas empezaba el tercer día de dieta pero su decisión era firme: desayunó como siempre y esa misma mañana llamó para pedir cita con un nutricionista cerca de su casa.

El nutricionista habló con ella, le preguntó por sus hábitos alimenticios y del día a día, su historial médico, etc. y le pidió que se hiciese unas pruebas médicas sencillas para saber cuál era realmente su estado y situación. Después le preparó una dieta equilibrada y acorde a sus objetivos y su estilo de vida. Le dio varios consejos muy útiles:

  • Las dietas siempre tienen que ser personalizadas y supervisadas por un especialista
  • Tienen que ser realistas, tanto por los objetivos que se pretenden alcanzar, como la forma de llegar a ellos, para que se mantengan en el tiempo.
  • No se trata de “hacer dieta”, sino de cambiar los hábitos alimenticios y de estilos de vida nocivos para adoptar los que son saludables a largo plazo.

El ayuno no ayuda a llevar una dieta saludable y sus beneficios no están probados hasta el momento. El cuerpo no necesita desintoxicarse, basta con disminuir los alimentos procesados y las calorías vacías y comer de manera equilibrada, con las cantidades adecuadas de nutrientes según tu constitución y necesidades personales, unido a la actividad física acorde a tu situación.