Hacer deporte en la estación fría

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La salud es la justa medida entre el calor y el frío.» Aristóteles

Con la bajada de temperaturas propia de la época invernal no se debe privar a nadie de los beneficios de la práctica del ejercicio físico, si bien es cierto que debemos tomar algunas precauciones para evitar posibles afecciones.

Todas las personas tienen una temperatura corporal óptima que suele estar comprendida entre los 36 y los 37 grados centígrados. El organismo mantiene constante la temperatura interna mediante diferentes mecanismos a pesar de la temperatura exterior. Sin embargo, cuando el ambiente alcanza niveles extremos la regulación se complica mucho más y aumenta el riesgo de padecer algún tipo de lesión u otro perjuicio para la salud.

En el caso que nos ocupa de temperaturas excesivamente frías el cuerpo trata de generar calor mediante el aumento de ritmo metabólico para la mayor producción de calor por termogénesis, la aparición de temblores y la vasoconstricción periférica que reduce la pérdida de calor por la piel. Además los ambientes fríos provocan que el músculo se debilite dificultando la función y la potencia de las fibras musculares. Estas circunstancias provocan en todos los casos como mínimo un descenso en el rendimiento de deportistas y fatiga muscular en cualquier aficionado. En los casos más graves pueden dar lugar a lesiones y desvanecimientos.

Para ayudar al cuerpo a mantener el calor corporal hay ciertas acciones que debemos llevar a cabo: dos acciones muy sencillas que podemos realizar. La primera y más evidente el uso de ropa de abrigo, es muy recomendable usar prendas específicas para este tipo de prácticas, de modo que optimicen la conservación del calor sin necesidad de llevar ropa abultada. Dentro de estas prendas debemos incluir calcetines, guantes, gorros y protección para el cuello, exponiendo la menor proporción de piel al ambiente exterior. En segundo lugar hay que comenzar la actividad física de manera paulatina, de forma que los músculos vayan adquiriendo temperatura antes de a aumentar la exigencia del ejercicio.

Un factor a tener en cuenta que muchas veces pasa desapercibido es la hidratación. Al usar ropas térmicas que mantengan el calor corporal se aumenta la sudoración, esto produce una eliminación de líquidos que ha de ser repuesta durante el ejercicio. Además en previsión de que esto suceda la hidratación ha de realizarse también con anterioridad a la práctica.