Los seguros de vida y las hipotecas

Seguro Vida Hipotecas

La contratación de seguros de vida asociados a la hipoteca es una práctica muy  común extendida en los últimos años por las entidades financieras. Si al igual que otros seguros y demás productos vinculados, fueron un requisito para conceder el crédito, pero no bonifican el tipo de interés ni figuran en la escritura, podrán darse de baja, una vez firmada esta o una vez vencida la póliza. Sí bonifican el tipo de interés de acuerdo a los productos adicionales contratados no siempre es atractiva su contratación a priori y debe tener muy en cuenta aspectos económicos, calculando cual es el beneficio por esta bonificación y confrontarlo con un seguro de vida independiente que cubra todas nuestras contingencias, incluyendo en este capital la existencia de una deuda tan importante como es la hipoteca.

Por ello, a la hora de estudiar si esta “bonificación”  nos interesa o no, debemos tener en cuenta aspectos como:

  • Que el contrato no bonifique por la contratación de un solo producto, sino que se consiga la bonificación por hacerlo con  varios (otros seguros, planes de pensiones, tarjetas…)
  • El porcentaje que disminuya el diferencial, cuanto más alto, más beneficioso
  • La cuantía y plazo de la hipoteca, cuanto mayor y a más tiempo sea, más beneficiosos son estos descuentos, ya que pagan en los primeros años y durante un periodo más amplio más intereses que capital.
  • Los años que quedan para finalizar de pagar nuestro préstamo. Cuando queden pocos años las bonificaciones van siendo menos rentables (al amortizar más capital).

Seguro vinculado o independiente ¿Qué debe cubrir?

Podamos u optemos por elegir la modalidad de seguro de vida vinculado a nuestra hipoteca o decidamos contratarlo por nuestra cuenta, lo que es imperativo en todo caso si tenemos una carga hipotecaria es tener la cobertura de seguro de vida compartida entre todos los titulares y teniendo en cuenta los ingresos que nos veríamos privado en caso de fallecimiento o invalidez por parte de algunos de ellos para la continuación de la vida en el cauce más normal por el resto de la familia.

Por ejemplo, es muy común que ante una hipoteca con dos titulares se divida la cobertura al 50% entre los dos  sin tener en cuenta otras consideraciones básicas como es cuál es el nivel ingresos de cada uno. Por ejemplo si en una pareja uno de sus miembros aporta el 80% del total de estos, aunque con la hipoteca se cubra el 50% de la deuda pendiente el otro miembro tendrá serias dificultades en hacer frente los pagos futuros, por lo que lo lógico es que en estos casos, se aumente la cobertura acorde a la participación de cada uno en el pago de la deuda.

Económicamente, unificar en un solo seguro de vida las coberturas por nuestra deuda y el capital necesario para que nuestra familia pueda económicamente salir adelante el tiempo suficiente que tarda en adaptarse a la nueva situación es lo más rentable a la vez que práctico.