¿Es la siesta saludable?

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«Dejemos de dormir y volvamos a soñar». Fernando Savater

La siesta es una costumbre habitualmente asociada a los españoles que, sin embargo, tiene seguidores a lo largo de todo el planeta. La siesta se incluye dentro de los denominados sueños diurnos y se suele practicar generalmente por cansancio o por hábito. A pesar de todo, este tipo de hábito tiene sus defensores y sus detractores y ninguno de ellos está carente de razón, ya que en función de la persona y de sus características podemos encontrar beneficios y perjuicios.

Una de las principales funciones del sueño es la eliminación de residuos en los canales interneuronales de modo que se mejoren todas las funciones nerviosas y cerebrales. A lo largo del día y con la actividad frenética que tiene lugar en la mayoría de las jornadas laborales, nuestro sistema nervioso va acumulando sustancias de desecho por lo que es evidente que una “limpieza” (aunque sea parcial) de esos canales producirá muchos beneficios en el organismo. Sin embargo, los ritmos biológicos están regulados por las horas de luz y de oscuridad favoreciendo ciertas funciones dependiendo de la hora del día en la que nos encontremos. Dormir durante las horas del día puede desestructurar dichos ritmos biológicos, lo que puede provocar insomnio y reducir el rendimiento de muchas de las funciones vitales, además de disminuir el rendimiento del descanso afectando a la calidad del sueño.

Teniendo en cuenta únicamente estos factores, podemos realizar un análisis acerca de los beneficios y perjuicios de la siesta. La diferencia entre una siesta que solo realice la función reparadora y la que pueda afectar a los ritmos biológicos la marca la duración de la misma. De este modo, un periodo de sueño diurno de duración breve sería lo más indicado para obtener los beneficios de la siesta. Así, sería aconsejable evitar en cualquier caso que tuviesen una duración superior a 30 minutos.

Además, estaría totalmente desaconsejada para aquellas personas que padezcan de insomnio ya que un aumento del período diario de vigilia aumenta la calidad del sueño, causando el efecto contrario disfrutar de momentos de descanso durante el día.

Para poder cumplir con los requisitos de duración de la siesta y obtener los beneficios comentados es necesario promover el despertar temprano, de modo que los lugares, la cantidad de luz y los actos preliminares difieran significativamente de los llevados a cabo durante la noche. Hay que destacar que la siesta en la que el despertar temprano es espontáneo, es decir, no motivado por una alarma, es la que mayores beneficios produce, ya que indica que la función deseada se ha cumplido de manera correcta y natural.