Invertir en vivienda y locales comerciales ¿la mejor fórmula de ahorro para la jubilación?

Seguimos viendo el ladrillo como una gran fuente de ahorro e inversión. Sin embargo, la inversión inmobiliaria puede no ser la mejor a largo plazo.

No es infrecuente escuchar a alguien que su apuesta para la jubilación es invertir en vivienda o locales comerciales. El argumento, casi siempre, se basa en la creencia de la perdurabilidad del valor del ladrillo. Es decir, pensamos que da igual los ciclos por los que pase, pero la vivienda no pierde valor en el largo plazo. Esta creencia puede no ser más que eso, una creencia. Más aun sabiendo que el tiempo puede ser tu mejor aliado o enemigo con el dinero.

Es evidente que la inversión en vivienda o locales puede ser rentable. Sin embargo, cuando hablamos de herramientas de ahorro para la jubilación, estamos hablando de otra cosa: tenemos que valorar el largo plazo.

Si o no a la vivienda para ahorrar

Supongamos que pretendemos adquirir una vivienda como inversión para obtener un retorno que nos permita contar la cantidad de dinero necesaria para complementar nuestra pensión. En definitiva, el ahorro para la jubilación se basa en buscar esa cantidad complementaria.

En primer lugar, para un ahorrador medio este tipo de inversión concentra todo el en un único activo, sin diversificación alguna. Es decir, todos los huevos de nuestra inversión estarán en la misma cesta. En caso de un golpe de mercado como el que hemos vivido hace tan sólo 10 años, nuestras inversiones no sólo quedarían inmovilizadas, si no que perderían valor, que en algunos casos, podría superar el 100%. No será extraño que todos recordemos viviendas vendidas a mitad del precio por el que se compraron, no es ciencia ficción.

Si a ese mismo ahorrador le dijéramos que asumiera en productos de inversión un riesgo similar, nos diría que no. Sin embargo, el arraigo de la inversión en ladrillo hace que no acabemos de entender que no se trata en absoluto de una inversión garantizada. En general los españoles preparamos mal nuestra jubilación y este uno de los motivos, entre otros.

Más aún, si comparamos los gastos que va a suponer en el tiempo la adquisición de ese bien inmueble, y los cruzamos con la pretendida rentabilidad, vemos que a largo plazo esta cae de manera importante.

A todo lo anterior hay que sumar una variable que no siempre contemplamos, pero, que es una realidad. En primer lugar nuestro país posee un parque de viviendas enorme, pero un índice de natalidad de los más bajos de Europa. Un escenario futuro, en el que existen muchas viviendas, pero son necesarias menos de las actuales, es más que plausible. A poco que entendamos cómo funciona la demanda y la oferta, podemos comprender que, aunque el valor de las cosas sube y el del ladrillo también lo puede hacer anualmente, esta subida puede no compensarse con falta de demanda. O con exceso de oferta.

En definitiva, cubierta nuestra necesidad básica de vivienda, la inversión en ladrillo puede ser un complemento más al ahorro para el futuro, es cierto, pero, como herramienta única, tal vez no sea la mejor de las ideas.