Cómo evitar la ansiedad

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«En los momentos de ansiedad, no tratéis de razonar, pues vuestro razonamiento se volverá contra vosotros mismos; es mejor que intentéis hacer esas elevaciones y flexiones de brazos que se enseñan ahora en todas las escuelas; el resultado os asombrará. Así, el profesor de filosofía os envía al de gimnasia.» Alain (1868-1951) Filósofo y ensayista francés

 Según la SEAS (Sociedad Española para el Estudio de la Ansiedad y el Estrés), la ansiedad es una emoción universal que experimentan todos los individuos en mayor o menor grado. Sin embargo, más de un 15% de la población general llega a sufrir alguna vez a lo largo de su vida algún trastorno de ansiedad, que consiste en una serie de reacciones demasiado intensas, o demasiado frecuentes, o simplemente poco ajustadas a la situación en que se encuentra el individuo. Estas manifestaciones llegan a ser patológicas en muchos casos, dificultando la vida normal  de estas personas, o haciéndoles sentir experiencias muy desagradables en algunas situaciones.

El miedo: Nuestro peor enemigo

El pensamiento catastrofista es una de las causas más comunes de la ansiedad. Estos tipos de pensamientos son los responsables del miedo a tomar decisiones: Al magnificar las posibles consecuencias de tomar una mala elección, aparece el miedo al fracaso. En muchas ocasiones esto llega a convertirse en un círculo vicioso, ya que ese miedo exagerado al fracaso nos provoca un episodio desagradable de trastorno de la ansiedad. Es frecuente entrar en bucle, ya que no queremos que se repita, lo que provoca un nuevo miedo al episodio ansioso y un nuevo ataque de ansiedad. Estas circunstancias provocan en la mayoría de los casos la huida de las situaciones que originaron el suceso.

En la vida diaria nos encontramos con diversas circunstancias que nos obliga a elegir entre dos o varios caminos provocando una angustia en la mayoría de las ocasiones innecesaria. Hablamos de situaciones como elegir el cereal que vamos a comprar, decantarse por una prenda de ropa en una tienda o hasta valorar el cambio de seguro. En ocasiones ni siquiera nos paramos a analizar qué incluye y cuánto pagamos por esto. En estos casos de toma de decisiones se produce una parálisis y se termina por aplazar o evitar totalmente el tomar una decisión, provocando una persistencia aún mayor en el problema.

Como con casi todas las fobias, la mejor manera de superarlas es enfrentarse a ellas desde el trabajo progresivo de mentalización. Es muy recomendable escribir todos los posibles perjuicios de equivocarse en la decisión, valorar objetivamente su importancia y prever de antemano cómo paliarlos. Es posible que al principio sea necesario contar con la ayuda de amistades o familiares cercanos para realizar este ejercicio. Esto se debe hacer en el mismo momento que surge la necesidad de decidir y la elección ha de hacerse inmediatamente después de hacer la valoración de los posibles efectos. Comenzar con decisiones más banales para ir avanzando hacia decisiones más trascendentales ayuda a evitar que la ansiedad aparezca.