La dieta mediterránea, una fuente de salud que no debemos perder

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«El pueblo no es verdaderamente libre mientras que la libertad no esté arraigada en sus costumbres e identificada con ellas.» Mariano José de Larra

Declarada patrimonio intangible de la humanidad, la dieta mediterránea es uno de los legados más importantes que nos dejó la generación de nuestros abuelos. Se trata de una alimentación basada en productos recién recolectados del campo, abundante en verduras, hortalizas y pescados, en lácteos de elaboración reciente, una alimentación que iba siempre acompañada del esfuerzo de trabajar en los recursos naturales para obtener los alimentos.

La dieta mediterránea nace en el seno de una cultura en la que los medios de transporte no estaban muy evolucionados, en la que el desarrollo industrial era escaso y en la que la mejor forma de vivir y sobrevivir era aprovechando los recursos que directamente ponía a nuestra disposición la naturaleza. Esta situación se ha ido modificando con el paso de los años, dando lugar a infraestructuras complejas que facilitan enormemente las comunicaciones por tierra, mar y aire, abriendo paso al desarrollo industrial y a la inclusión de alimentos más procesados con el objetivo de aumentar su vida útil. Estos cambios, unidos al frenético ritmo de vida actual, han dado lugar a que se vayan abandonando las costumbres alimenticias propias de la dieta mediterránea, acogiendo en mayor porcentaje las comidas preparadas y precocinadas de producción industrial, en detrimento de los productos frescos y de producción local.

Ventajas de la dieta mediterránea

Las ventajas de la dieta mediterránea se basan en el bajo contenido en grasas saturadas, en el mantenimiento de las propiedades nutricionales de los alimentos frescos, el alto contenido en fibra y en el bajo índice glucémico de los alimentos que la componen.

Además, dentro de los conceptos asociados a esta dieta se encuentra el alejamiento del sedentarismo apostando por un día a día activo fomentando la movilidad a pie y el ejercicio físico. Estos valores proporcionan a sus seguidores un mejor estado de salud, manteniendo el equilibrio entre la ingesta de calorías y el gasto diario, ingiriendo todos los nutrientes necesarios para nuestro organismo y excluyendo todos aquellos cuya ingestión habitual supone un perjuicio.

La señal de alerta ya ha sido dada por parte de la Unesco: la dieta mediterránea se está perdiendo, teniendo como causa principal la falta de tiempo de los componentes de la sociedad actual. Se está perdiendo la costumbre de compra en mercados, de cocinar en casa, de utilizar productos frescos. Cada vez la vida diaria es más sedentaria y se apuesta más por los alimentos procesados, y esto está produciendo un desequilibrio en la ingesta calórica, llevando a la población a valores de peso y grasa cada vez menos saludables.

La dieta mediterránea se pierde poco a poco y no debería permitirse, no solo por evitar la desaparición de este maravilloso legado sino porque esa pérdida casi con total seguridad supondrá un perjuicio en el estado de salud general de la población.