Cobrar el seguro de vida

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“Cuando alguna parte del todo cae, la que queda no está segura.» Séneca

El propio concepto de asegurar la vida ya plantea un escenario un tanto escabroso. Sin embargo, el momento de contratar un seguro de vida es al que más atención hay que prestar, ya que elegir bien la compañía aseguradora y negociar las cláusulas es determinante para no llevarse sorpresas a la hora de exigir las indemnizaciones y los servicios acordados. Es muy aconsejable contar con el asesoramiento de profesionales, no tener prisa a la hora de decidirse, leerse muy bien todas las propuestas y preguntar y aclarar todo aquello de lo que se tenga la más mínima duda.

¿Cómo cobrar el seguro de vida?

Llegado el indeseado momento de la defunción del asegurado, lo primero que sus allegados han de hacer es comprobar el Registro de Seguros de Vida para tener constancia de todos los seguros que se encuentran en vigor. Una vez en posesión de esa información, es el momento de iniciar los trámites para llevar a cabo los cobros.

Los seguros de vida están regulados por la ley 50/1980 del contrato del Seguro, modificada por la ley 30/1995 de Ordenación y supervisión de los Seguros Privados. Se deben consultar estas leyes antes de iniciar los trámites, para resolver las posibles dudas que puedan ir surgiendo.

El siguiente paso es personarse en las sedes de las compañías aseguradoras con los documentos obtenidos en el Registro de Seguros de Vida y acreditar la titularidad del o de los beneficiarios que reclaman la indemnización. Después, se debe presentar la documentación requerida por la aseguradora.

Una vez presentados todos los documentos solicitados, la normativa indica lo siguiente:

  • El asegurador está obligado a satisfacer la indemnización al término de las investigaciones y peritaciones necesarias para establecer la existencia del siniestro y, en su caso, el importe de los daños que resulten del mismo.
  • En cualquier supuesto, el asegurador deberá efectuar, dentro de los cuarenta días a partir de la recepción de la declaración del siniestro, el pago del importe mínimo de lo que el asegurador pueda deber, según las circunstancias por él conocidas.
  • Se entenderá que el asegurador incurre en mora cuando no hubiere cumplido su prestación en el plazo de tres meses desde la producción del siniestro o no hubiere procedido al pago del importe mínimo de lo que pueda deber dentro de los cuarenta días a partir de la recepción de la declaración del siniestro.
  • La indemnización por mora se impondrá de oficio por el órgano judicial y consistirá en el pago de un interés anual igual al del interés legal del dinero vigente en el momento en que se devengue, incrementado en el 50%; estos intereses se considerarán producidos por días, sin necesidad de reclamación judicial.
  • No obstante, transcurridos dos años desde la producción del siniestro, el interés anual no podrá ser inferior al 20%.

El problema suele aparecer a la hora de saber cuál es el importe mínimo, por ello es muy importante que las clausulas queden bien claras a priori para evitar sorpresas posteriores.

No se debe olvidar que las compañías aseguradoras exigen la presentación de la liquidación del Impuesto de sucesiones y donaciones previa al pago de la prestación. Normalmente  se suelen conceder anticipos para afrontar la liquidación de dicho impuesto.