Enfermedades comunes en invierno: cómo prevenirlas

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“La salud es la justa medida entre el calor y el frío.” Aristóteles.

En la gran mayoría de las ocasiones se achaca al frío la aparición de enfermedades del tracto respiratorio a la llegada del invierno, sin embargo está afirmación podríamos considerarla una verdad a medias o una verdad inconclusa. Los verdaderos causantes de gripes, catarros y bronquitis son los virus y las bacterias. Estos microorganismos son los causantes de todas esas afecciones que cuando comienza la estación fría enferma a jóvenes y mayores.

Entonces, ¿cuál es la relación que tiene con el frío? Muy sencillo. Cuando el ambiente exterior desciende hasta temperaturas poco agradables suceden dos cosas, la primera es que las personas tienden a agruparse en sitios cerrados y pequeños, favoreciendo el contagio de los microorganismos de individuo a individuo. Además, esos ambientes interiores suelen climatizarse a una temperatura cálida y acogedora, que no solo lo es para nosotros sino que también lo es para los virus y las bacterias, favoreciendo de este modo la persistencia de los mismos fuera del hospedador. En resumen, cuando hace más frío nos reunimos en ambientes en los cuales los microorganismos causantes de enfermedades del tracto respiratorio pueden sobrevivir durante más tiempo fuera de una persona a la que esté infectando, aumentando la posibilidad de contagio no sólo de una persona a otra sino por el mismo ambiente. Tampoco podemos olvidar que los cambios bruscos de temperatura debilitan las defensas y facilitan la colonización de los agentes infecciosos.

Una vez analizadas estas circunstancias se hace más sencillo intuir los métodos de prevención para estas enfermedades. Fundamentalmente se basan en evitar que dichos virus y bacterias ingresen en nuestro organismo y que si entran nuestro cuerpo esté lo más saludable posible para combatirlos. Para lograr el primer objetivo debemos evitar los lugares cerrados en los que haya mucha gente. Ventilar nuestro hogar durante las horas de sol y los días nublados al menos a primera hora de la mañana y a última hora de la tarde. No poner la calefacción muy alta, veinte grados es una buena temperatura. Evitar las calefacciones que favorecen un aire excesivamente seco, ya que reseca las mucosas y elimina una de las barreras naturales que tiene el organismo para evitar la invasión de microorganismos. Extremar las medidas de higiene lavando manos y cara de manera frecuente.

Para conseguir el segundo objetivo debemos mantener una alimentación equilibrada, con abundancia de frutas y verduras, que mantengan los aportes de vitaminas en los niveles deseados, y con abundante agua que mantenga hidratado al organismo. Una práctica habitual de ejercicio físico mantiene las vías respiratorias y los pulmones fuertes y sanos y ayuda a la lucha contra las infecciones.