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Todo lo que necesitas saber sobre la cirrosis hepática

Hombre sentado con cirrosis hepática

La cirrosis hepática es una de las enfermedades crónicas del hígado más relevantes a nivel mundial y, a la vez, una de las más desconocidas por la población general. 

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A menudo progresa de forma silenciosa durante años hasta que aparecen síntomas evidentes.  

Comprender en qué consiste, por qué se produce y cómo se diagnostica es clave para su prevención y cuidado. Por eso, desde Aegon, te explicamos todo lo que necesitas saber sobre la cirrosis, de forma clara y completa. 

¿Qué es la cirrosis? 

Para entender qué es la cirrosis, primero hay que comprender el papel fundamental del hígado.  

Este órgano participa en procesos esenciales como la desintoxicación de la sangre, la producción de proteínas, la digestión de las grasas y el almacenamiento de energía.  

Cuando el hígado sufre daños continuados durante años, responde formando tejido cicatricial. 

La cirrosis hepática es el resultado final de una lesión crónica del hígado en la que el tejido sano es reemplazado progresivamente por fibrosis, es decir, por cicatrices que se han ido formando.  

Este proceso altera la estructura normal del órgano y dificulta su correcto funcionamiento.  

A diferencia de otras lesiones hepáticas, la cirrosis es generalmente irreversible, aunque su progresión puede frenarse si se identifica y trata a tiempo la causa de la cirrosis

A medida que la enfermedad avanza, el flujo sanguíneo a través del hígado se ve comprometido, lo que provoca un aumento de la presión en la vena porta y la aparición de complicaciones sistémicas.  

Por ello, no se trata solo de una enfermedad del hígado, sino de una condición que puede afectar a todo el organismo. 

Tipos de cirrosis 

Existen distintos tipos de cirrosis, que se clasifican según su origen o la enfermedad que la ha provocado.  

Identificar el tipo es esencial para establecer un tratamiento adecuado y prevenir complicaciones futuras. 

Uno de los tipos más conocidos es la cirrosis alcohólica, relacionada con el consumo excesivo y prolongado de alcohol.  

También es frecuente la cirrosis causada por hepatitis víricas crónicas, especialmente hepatitis B y C. En estos casos, la inflamación persistente del hígado conduce a la fibrosis progresiva. 

Otro tipo relevante es la cirrosis biliar primaria, una enfermedad autoinmune en la que el propio sistema inmunitario ataca los conductos biliares del hígado. Esto provoca acumulación de bilis, inflamación crónica y, con el tiempo, cirrosis.  

Además, existen cirrosis de origen metabólico, como las asociadas al hígado graso no alcohólico, cada vez más frecuentes debido al aumento de la obesidad y la diabetes. 

También se describen cirrosis criptogénicas, en las que no se logra identificar una causa clara, aunque muchas de ellas se relacionan con hígado graso no diagnosticado. 

Causas de la cirrosis 

La causa cirrosis suele ser el resultado de una agresión continua al hígado durante años.  

Aunque los factores pueden ser muy variados, la mayoría de los casos se concentran en unas pocas causas principales. 

Alcohol y cirrosis alcohólica 

El alcohol es una de las causas más comunes de cirrosis en muchos países. El consumo excesivo y prolongado daña las células hepáticas, generando inflamación y acumulación de grasa en el hígado.  

Con el tiempo, este daño repetido deriva en fibrosis y finalmente en cirrosis alcohólica. 

No todas las personas que consumen alcohol desarrollan cirrosis, ya que influyen factores genéticos, el sexo, la dieta y la cantidad ingerida.  

Sin embargo, el riesgo aumenta significativamente cuando se superan los límites recomendados de consumo durante años.  

Abandonar completamente el alcohol es una de las medidas más importantes para frenar la progresión de la enfermedad en fases tempranas. 

Hepatitis y otras infecciones 

Las hepatitis víricas crónicas son otra causa principal de cirrosis hepática.  

La hepatitis B y la hepatitis C pueden permanecer activas durante décadas, provocando inflamación constante del hígado. Si no se tratan adecuadamente, este proceso inflamatorio acaba produciendo fibrosis y cirrosis. 

La buena noticia es que hoy en día existen tratamientos muy eficaces, especialmente para la hepatitis C, que pueden eliminar el virus y reducir drásticamente el riesgo de cirrosis si se administran a tiempo.  

Además de los virus, algunas infecciones parasitarias o bacterianas poco frecuentes también pueden causar daño hepático crónico. 

Enfermedades metabólicas y genéticas 

Algunas enfermedades hereditarias o metabólicas pueden conducir a cirrosis. Entre ellas se encuentran la hemocromatosis, que es la acumulación excesiva de hierro, la enfermedad de Wilson, que es la acumulación de cobre, y el déficit de alfa-1 antitripsina. 

Por otro lado, el hígado graso no alcohólico, estrechamente ligado al síndrome metabólico, la obesidad y la diabetes tipo 2, se ha convertido en una causa creciente de cirrosis en personas que no consumen alcohol.  

En estos casos, la acumulación de grasa genera inflamación crónica y daño progresivo del tejido hepático. 

Ilustración que muestra la progresión del hígado desde un estado saludable hasta hepatitis crónica, cirrosis y carcinoma hepatocelular.

Síntomas y signos de la cirrosis 

Los síntomas de la cirrosis varían mucho según la etapa de la enfermedad. En fases iniciales pueden ser inespecíficos o incluso inexistentes, lo que dificulta el diagnóstico precoz. 

Etapas iniciales y síntomas leves 

En los primeros estadios, muchas personas con cirrosis no presentan síntomas claros. Cuando aparecen, suelen ser leves y fácilmente atribuibles a otras causas.  

Entre ellos se incluyen cansancio persistente, pérdida de apetito, náuseas, digestiones pesadas o una ligera pérdida de peso. 

También pueden observarse molestias abdominales difusas o una sensación de hinchazón. En esta fase, el hígado aún conserva parte de su funcionalidad, por lo que el organismo compensa parcialmente el daño.  

Precisamente por eso, muchas personas desconocen que padecen la enfermedad. 

Complicaciones graves 

A medida que la cirrosis progresa, los síntomas se vuelven más evidentes y graves. Aparecen signos como ictericia, que es la coloración amarillenta de piel y ojos, acumulación de líquido en el abdomen, edemas en las piernas y tendencia a la aparición de hematomas o sangrados. 

Entre las complicaciones más serias se encuentran la encefalopatía hepática, que afecta al estado mental, y las hemorragias digestivas por varices esofágicas.  

En fases avanzadas, la cirrosis puede evolucionar a insuficiencia hepática o aumentar el riesgo de cáncer de hígado. 

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Diagnóstico de la cirrosis y niveles de GGT 

El diagnóstico de la cirrosis hepática combina la evaluación clínica, pruebas de imagen y análisis de sangre.  

El médico tiene en cuenta los antecedentes del paciente, los síntomas y los factores de riesgo. 

Los análisis de sangre permiten detectar alteraciones en las enzimas hepáticas y en la función del hígado. Entre ellas destaca la gamma-glutamil transferasa (GGT).  

Los niveles GGT de la cirrosis suelen estar elevados, especialmente cuando la causa está relacionada con el alcohol o con enfermedades colestásicas. Aunque la GGT no es específica, su elevación persistente puede ser una señal de daño hepático crónico. 

Las pruebas de imagen, como la ecografía, el TAC o la resonancia magnética, ayudan a evaluar el tamaño, la forma y la textura del hígado.  

En algunos casos se utilizan técnicas no invasivas como la elastografía para medir la rigidez hepática.  

La biopsia hepática, aunque cada vez menos frecuente, sigue siendo el método definitivo para confirmar el diagnóstico en situaciones concretas. 

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Conclusión 

La cirrosis es una enfermedad compleja y progresiva que puede tener múltiples causas, pero que en muchos casos es prevenible.  

Conocer qué es la cirrosis, identificar sus factores de riesgo y prestar atención a los síntomas tempranos puede marcar una gran diferencia en su evolución. Un diagnóstico precoz y cambios en el estilo de vida permiten frenar el daño hepático y mejorar la calidad de vida.  

La información y la prevención siguen siendo las mejores herramientas frente a esta enfermedad silenciosa, por eso, desde Aegon, queremos mantenerte informado todo aquello que pueda ser de tu interés. Además, te ofrecemos diferentes seguros médicos privados con los que acudir a un médico especialista cuando lo necesites. 

Fuentes: 

–  Clínica Universidad de Navarra  

Mayo Clinic 

MD Saúde  

Quirón Salud  

MedlinePlus 

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