Tengo un hijo rebelde ¿Qué hacer?

hijo rebelde

Tener un hijo rebelde es sin duda uno los quebraderos de cabeza mayores de los padres, pero la realidad es que no deja de ser un proceso normal.

Cuando un niño madura busca su espacio, su independencia y controlar muchas de sus acciones. Su forma de hacerlo depende de cada niño, y en algunos casos se puede producir una brecha importante entre padres e hijos. Puedes leer más sobre este proceso en nuestro artículo ¿Cómo trabajar las emociones en los niños?

Por todo ello, tener hijos rebeldes es algo natural, y en la respuesta adecuada de sus padres está superar esta fase y construir una relación sólida.

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¿Por qué hay hijos rebeldes?

Como ya hemos señalado, los hijos o adolescentes rebeldes no es algo extraordinario de lo que alarmarse. Hay niños que asumen con más naturalidad que otros su proceso de maduración, y por eso, hay diferencias.

La causa está en el uso de diferentes mecanismos en esta búsqueda de una mayor independencia. Y, precisamente, uno de ellos es la desobediencia.

A diferencia de los niños pequeños, que cuestionan las cosas generalmente a través de preguntas, en los hijos rebeldes y desafiantes lo hacen con mecanismos como los siguientes:

  • Contradecir lo que dicen los padres.
  • No seguir las normas.
  • Saltarse límites.
  • Poner a prueba lo que dicen o dictaminan los padres y saltárselo.

Todo ello se produce por un choque entre dos tendencias, dependencia e independencia. El adolescente busca su independencia, pero se da cuenta que buena parte de sus acciones siguen dependiendo de lo que decidan sus padres.

Como muchos de estos deseos y estas acciones son contrarias a lo que piensan los padres, la consecuencia es la rebeldía.

1. Probando límites

La primera reacción de los hijos rebeldes es poner a prueba los límites que han establecido los padres.

Estos “desafíos” suelen ir de menos a mas. Se empieza con acciones de menor relevancia, como negarse ir a la cama porqué sus padres continúan despiertos a irse a retos mayores:

  • Contestar a los padres.
  • Llegar tarde.
  • Disminuir el rendimiento académico.
  • Realizar algunos actos que molesten a los padres.

2. Mecanismo de defensa

En muchas ocasiones la rebeldía se produce como mecanismo de defensa. El niño, y principalmente el adolescente, se siente asustado al madurar.

Esta reacción se produce principalmente por el miedo que tenga a decepcionar, o lo contrario, por sentirse decepcionado. La rebeldía se centra en estos casos en averiguar cual son las consecuencias de desobedecer estos actos.

Todo ello es a su vez consecuencia del desarrollo cognitivo de los niños. Los hijos rebeldes actúan precisamente diferentemente porqué han desarrollado su capacidad de desarrollar de manera abstracta y con ello aumentan sus comportamientos de riesgo.

Por ello, es normal que un adolescente actúe de esta forma, ya que no hace otra cosa que plasmar actitudes que acaba de aprender.

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Adolescentes rebeldes: cómo tratarlos

La respuesta de los padres es fundamental. La primera “tentación” ante hijos rebeldes y desafiantes suele ser la de comportarse de forma más dura y estricta. Esta reacción, en muchas ocasiones, lleva a lo contrario, que los hijos aumenten más la rebeldía.

Por ello, es fundamental intentar crear una relación abierta, basada en el diálogo y que conlleve que el adolescente gane en seguridad. Para ello son clave estos puntos básicos:

  • Busca si hay alguna razón concreta de rebeldía.
  • Que se respete siempre la posición como padre o madre.
  • No perder la calma, ni gritar.
  • No se debe considerar la rebeldía como algo personal contra los padres.
  • Tampoco se debe sobreproteger, tiene que conocer las consecuencias de sus actos.
  • Hay que ser claro y evitar ambigüedades.

Cuando los niños son pequeños, las rebeldías suelen tener un motivo específico, un capricho. El mayor reto es como hemos visto en la adolescencia. Tratarle de forma calmada transmite al adolescente que gritar no es la forma más adecuada de relación, y no normaliza esta forma de comunicación. El riesgo es claro: el adolescente puede utilizar ante amigos o profesores estos mismos modos.

Tampoco se debe proteger al hijo rebelde de las consecuencias de sus actos, pero estas siempre deben ser equilibradas. Por ejemplo, si un profesor le castiga por una ausencia, el niño debe “sufrir” las consecuencias de este castigo.

Igualmente, no se debe centrarse solo en lo malo, algo a veces complicado si su rebeldía es importante. Es importante focalizar en lo positivo y reforzarlo, buscando que las conductas deseables vayan imponiéndose a las que no lo son.

El castigo, por tanto, sin ser negativo, debe ser siempre ajustado a la conducta que se pretende castigar. Un castigo siempre debe tener como fin que el niño o adolescente comprenda que un mal acto tiene unas consecuencias y así evitarlo en el futuro.

Por ello, además debe ser claro, y evitar ambigüedades. Si se castiga ciertas actitudes no deben pasarse por alto en otras iguales o similares.

Hijos rebeldes y ayuda de especialistas

Como ya hemos insistido, los hijos rebeldes, no dejan de ser parte del proceso de crecimiento y maduración del adolescente en la búsqueda de su autonomía.

Además, muchas veces estos comportamientos son ocasionales o es una etapa que no se prolonga mucho tiempo.

Esto no quita que en algunas ocasiones estas actitudes sean exageradas o que los padres tengan dificultad de ver la forma en las que tratarlos.

Si se prolongan algunos patrones negativos es positivo que busques ayuda de algún profesional. Las actitudes que evitar son:

  • Expectativas irracionales, tanto de hijos como de los padres.
  • Problemas escolares.
  • Temperamento exacerbado.
  • Conflictos con los padres y/u otros hermanos.
  • Estrés familiar.

Todo ello puede interferir gravemente en la vida familiar y aconseja el apoyo externo para así poder encauzar este proceso natural y conseguir un entorno y una relación adecuada entre padres e hijos.

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Antonio Luis Gallardo Sánchez-Toledo

Licenciado en ADE por la Universidad Autónoma de Madrid y especialista en comunicación por la Universidad Complutense, lleva desde el año 2002 escribiendo sobre temas de consumo, salud y divulgación en general, tanto en revistas escritas como Dinero y Salud, asociaciones y diversas páginas web. Además de ser colaborador en medios escritos (Expansión, Cinco Días, idealista.com, El País, Libertad Digital, El Confidencial,…) Radio (COPE, Onda Cero, Cadena Ser, Onda Madrid…) y Televisión (Telecinco, Antena 3, Telemadrid…).