¿Qué es la dislalia?

La dislalia es uno de los trastornos del habla más frecuentes durante la infancia y suele generar muchas dudas entre las familias. Aunque en muchos casos forma parte del desarrollo normal del lenguaje, en otros puede requerir la intervención de un especialista para corregir las dificultades de pronunciación.
Conocer sus causas, sus tipos y los tratamientos disponibles es fundamental para actuar a tiempo y favorecer una correcta comunicación. Por eso, desde Aegon, te explicamos todo lo que necesitas saber.
La dislalia es un trastorno del habla que dificulta la correcta pronunciación de uno o varios sonidos sin que exista necesariamente una alteración neurológica que lo explique. Cuando una persona presenta esta dificultad puede sustituir, omitir, añadir o deformar determinados fonemas, haciendo que algunas palabras resulten difíciles de entender.
Si te preguntas qué es la dislalia, la respuesta más sencilla es que se trata de una alteración en la articulación de los sonidos del lenguaje.
Es especialmente habitual en niños pequeños mientras desarrollan el habla, aunque cuando las dificultades persisten más allá de la edad esperada conviene realizar una valoración profesional.
Durante los primeros años de vida cada niño sigue su propio ritmo de aprendizaje del lenguaje. Algunos sonidos, como la “r” o determinados grupos consonánticos, tardan más en adquirirse y esto puede ser completamente normal. Sin embargo, cuando las dificultades afectan a muchos sonidos o continúan durante demasiado tiempo, es recomendable consultar con un logopeda.
Tipos de dislalia
Existen diferentes tipos de dislalia según la causa que origina las dificultades para pronunciar determinados sonidos. Identificar correctamente cada uno de ellos permite establecer el tratamiento más adecuado y mejorar los resultados.
La Asociación Española de Pediatría ofrece información sobre la evolución normal del lenguaje y las señales de alerta que conviene vigilar.
Dislalia Funcional
La dislalia funcional es la forma más frecuente.
En este caso, los órganos encargados del habla funcionan correctamente, pero el niño no ha aprendido a colocar de forma adecuada la lengua, los labios o el paladar para producir algunos sonidos.
Es habitual que sustituya unos fonemas por otros, omita determinadas letras o simplifique palabras complejas.
Por ejemplo, puede decir “tasa” en lugar de “casa” o tener dificultades para pronunciar la “r”.
Este tipo de alteración suele responder muy bien a la intervención logopédica. Mediante ejercicios específicos, repetición y estimulación adecuada, la mayoría de los niños consigue corregir la pronunciación de manera progresiva.
Dislalia Orgánica
La dislalia orgánica aparece cuando existe una alteración física que dificulta la articulación del habla. Puede deberse a malformaciones del paladar, alteraciones en la lengua, problemas dentales importantes o limitaciones en la movilidad de los órganos fonadores.
En estos casos, además del trabajo del logopeda, puede ser necesaria la participación de otros profesionales sanitarios como odontólogos, cirujanos maxilofaciales u otorrinolaringólogos.
Dislalia Audiógena
La dislalia audiógena está provocada por una pérdida auditiva que impide escuchar correctamente determinados sonidos del habla. Si un niño no percibe bien un fonema, resulta mucho más complicado que aprenda a reproducirlo de forma adecuada.
Por este motivo es importante realizar revisiones auditivas cuando existen sospechas de problemas de pronunciación persistentes. Detectar una alteración auditiva de manera precoz facilita un tratamiento más eficaz y reduce el impacto sobre el desarrollo del lenguaje.
La Asociación Española de Pediatría también recomienda valorar la audición cuando aparecen retrasos significativos en el habla o dificultades persistentes de pronunciación.
Dislalia Evolutiva
La dislalia evolutiva forma parte del proceso normal de adquisición del lenguaje. Durante los primeros años de vida es completamente habitual que los niños no pronuncien correctamente todos los sonidos.
Cada fonema tiene una edad aproximada de adquisición y algunos requieren un mayor desarrollo de la coordinación motora.
Por eso no debe considerarse un trastorno mientras el niño continúe evolucionando de forma adecuada.
Lo importante es observar si esas dificultades desaparecen con el paso del tiempo. Cuando persisten más allá de la edad esperada o afectan de manera importante a la comunicación, conviene consultar con un especialista para realizar una valoración individualizada.
Tratamiento de la dislalia infantil
El tratamiento de la dislalia infantil depende de la causa que origine el problema. En algunos niños basta con un seguimiento y estimulación en casa, mientras que en otros será necesario iniciar sesiones de logopedia.
El logopeda realiza una evaluación completa para identificar qué sonidos presentan dificultad, cómo los articula el niño y qué factores pueden estar influyendo en el problema. A partir de esa valoración diseña un plan personalizado.
Las sesiones suelen incluir ejercicios de respiración, coordinación de labios y lengua, discriminación auditiva y repetición progresiva de los sonidos hasta conseguir una pronunciación correcta.
La práctica constante es una de las claves del éxito.
La implicación de la familia también resulta fundamental.
Repetir los ejercicios en casa, hablar despacio, corregir sin presionar y convertir el aprendizaje en un juego favorece una evolución mucho más positiva.
Otra herramienta muy útil es la música.
Las canciones ayudan a mejorar el ritmo, la pronunciación y la memoria verbal.
Ejercicios para mejorar la dislalia en niños

Los ejercicios para mejorar la dislalia en niños deben adaptarse siempre a la edad y a las necesidades de cada pequeño.
Lo ideal es que sean propuestos por un logopeda, aunque existen actividades sencillas que pueden realizarse en casa para reforzar el tratamiento.
Algunas de las más utilizadas son los ejercicios de soplo con pajitas, pompas de jabón o molinos de viento, ya que ayudan a controlar la respiración necesaria para el habla.
También son muy útiles los ejercicios de movilidad de la lengua, como tocar diferentes puntos de la boca, sacar y esconder la lengua o moverla hacia ambos lados.
Estos movimientos fortalecen la musculatura implicada en la articulación de los sonidos.
La repetición de sílabas, palabras y trabalenguas adaptados al nivel del niño también mejora la coordinación y la pronunciación.
Lo importante es practicar de forma constante, sin convertir el aprendizaje en una obligación.
Por último, leer cuentos en voz alta, cantar canciones y mantener conversaciones diarias favorece el desarrollo del lenguaje y aumenta la confianza del niño al comunicarse.
La Asociación Española de Logopedia, Foniatría y Audiología (AELFA-IF) publica recursos y recomendaciones para familias y profesionales relacionados con la intervención logopédica.
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Preguntas frecuentes
¿Cómo saber si mi hijo tiene dislalia?
Muchos padres se preguntan cuándo una dificultad para pronunciar determinadas palabras forma parte del desarrollo normal y cuándo puede tratarse de dislalia infantil.
La clave está en observar si los errores de pronunciación son habituales, si afectan siempre a los mismos sonidos y si dificultan que otras personas comprendan lo que el niño quiere decir.
Es normal que durante los primeros años algunos fonemas todavía no se articulen correctamente. Sin embargo, si a partir de los cuatro o cinco años el niño sigue sustituyendo, omitiendo o deformando sonidos de forma constante, es recomendable consultar con un logopeda o con el pediatra para realizar una valoración.
Algunas señales que pueden indicar la presencia de dislalia son:
- Sustituye un sonido por otro de forma repetida.
- Omite letras o sílabas al hablar.
- Tiene dificultades para pronunciar la “r”, la “s” u otros fonemas más complejos cuando ya debería haberlos adquirido.
- Solo las personas de su entorno cercano entienden bien lo que dice.
- Se frustra al intentar comunicarse o evita hablar en determinadas situaciones.
Es importante no comparar el desarrollo del lenguaje de un niño con el de otros, ya que cada uno evoluciona a un ritmo diferente.
Aun así, una valoración temprana permite detectar posibles dificultades y comenzar el tratamiento cuanto antes si fuera necesario.
Puedes consultar los hitos del desarrollo del lenguaje y las señales de alerta en la Asociación Española de Pediatría.
¿Qué diferencia hay entre dislexia y dislalia?
Aunque muchas personas confunden ambos conceptos, se trata de trastornos completamente diferentes.
La dislalia afecta a la pronunciación de los sonidos del habla.
Es decir, el niño sabe lo que quiere decir, pero presenta dificultades para articular correctamente algunos fonemas.
En cambio, la dislexia es un trastorno específico del aprendizaje relacionado con la lectura y la escritura. Los niños con dislexia pueden tener problemas para reconocer palabras, asociar letras con sonidos o comprender textos escritos, aunque su pronunciación sea completamente normal.
Por tanto, la principal diferencia es que la dislalia está relacionada con la expresión oral, mientras que la dislexia afecta principalmente al aprendizaje de la lectura y la escritura.
En algunos casos ambos trastornos pueden coexistir, pero uno no provoca necesariamente la aparición del otro. Por ello es importante contar con una evaluación individualizada realizada por profesionales especializados.
¿A qué edad se da la dislalia?
La dislalia infantil suele aparecer durante los primeros años de vida, coincidiendo con el desarrollo del lenguaje. Entre los dos y los cuatro años es habitual que muchos niños todavía no pronuncien correctamente todos los sonidos, ya que su aparato fonador continúa madurando.
A medida que crecen van adquiriendo nuevos fonemas de forma progresiva. Algunos, como la “m”, la “p” o la “t”, suelen aprenderse antes, mientras que otros, como la “r” vibrante o determinados grupos consonánticos, requieren una mayor coordinación y pueden consolidarse más tarde.
Cuando los errores de pronunciación continúan más allá de los cinco o seis años, especialmente si afectan a varios sonidos o dificultan la comunicación, conviene consultar con un especialista. Una intervención precoz suele ofrecer mejores resultados y evita que las dificultades puedan influir en la autoestima, las relaciones sociales o el rendimiento escolar.
Conclusión
La dislalia es un trastorno del habla frecuente durante la infancia que, en la mayoría de los casos, tiene una evolución muy positiva cuando se detecta y se trata a tiempo. Conocer los diferentes tipos de dislalia, identificar sus síntomas y realizar ejercicios para mejorar la dislalia en niños bajo la supervisión de un profesional son aspectos clave para favorecer un correcto desarrollo del lenguaje. Ante cualquier duda, consultar con el pediatra o con un logopeda permitirá valorar cada caso de forma individual y ofrecer al niño el apoyo que necesita para comunicarse con seguridad y confianza.
