Parasomnias: qué son y cómo afectan al sueño

Las parasomnias forman parte de los problemas de sueño más habituales, aunque muchas personas no saben identificarlas ni ponerles nombre. Situaciones como hablar dormido, despertarse desorientado o tener episodios de agitación nocturna son más comunes de lo que parece y, en la mayoría de los casos, tienen una explicación.
Aunque puedan generar preocupación, no siempre indican un problema grave. Sin embargo, cuando se repiten o afectan a la calidad del descanso, es importante entender qué está ocurriendo y cómo abordarlo correctamente.
- Las parasomnias incluyen conductas o experiencias anormal/es durante la noche.
- Pueden aparecer tanto en niños como en adultos, con manifestaciones muy distintas.
- Suelen pasar desapercibidas para quien las sufre, ya que muchas veces no se recuerdan.
- Pueden estar relacionadas con el estrés, la falta de sueño o factores individuales.
- En algunos casos afectan al descanso o a la convivencia, por lo que conviene prestar atención.
Índice
Qué son las parasomnias
Las parasomnias son trastornos del sueño que se caracterizan por la aparición de comportamientos, movimientos o experiencias anormales durante el sueño o en la transición entre el sueño y la vigilia. La persona que las padece no suele ser consciente de lo que ocurre y, en muchos casos, no recuerda nada al despertar.
Aunque el término puede sonar técnico, hace referencia a situaciones bastante comunes, como hablar dormido, caminar estando dormido, tener terrores nocturnos o despertarse completamente desorientado.
En consulta es frecuente ver a familias preocupadas porque su hijo llora o grita por la noche sin que nada consiga calmarlo. Cuando se les explica que se trata de un terror nocturno, que es un fenómeno benigno y que en la mayoría de los casos desaparece con el tiempo, el alivio es enorme. Muchas personas conviven durante meses con estos episodios sin saber que tienen una explicación clara y, en la mayoría de los casos, una evolución favorable.
Tipos de parasomnias
Las parasomnias no se manifiestan siempre de la misma forma, ya que pueden aparecer en distintos momentos del ciclo del sueño. Por eso, para entender mejor cómo se producen y cómo se comportan, se clasifican en función de la fase del sueño en la que tienen lugar.
De forma general, se dividen en dos grandes grupos: las que aparecen durante el sueño no REM (sueño profundo) y las que ocurren durante el sueño REM, que es la fase en la que soñamos. Esta diferenciación es importante porque condiciona aspectos como el tipo de síntomas, el momento de la noche en el que aparecen y si la persona recuerda o no lo ocurrido..
Parasomnias del sueño no REM
El sueño no REM corresponde a las fases de sueño profundo. Las parasomnias que se producen en esta etapa suelen aparecer en la primera mitad de la noche y, en la mayoría de los casos, la persona no recuerda nada al despertar.
Se caracterizan por episodios en los que el cerebro está parcialmente “despierto”, mientras el cuerpo sigue en un estado de sueño profundo. Entre las más frecuentes se encuentran:
- Sonambulismo.
La persona camina o realiza acciones mientras duerme, con los ojos abiertos pero sin conciencia de lo que hace. Es importante asegurar un entorno seguro, ya que existe riesgo de golpes o caídas. - Terrores nocturnos.
Episodios intensos en los que la persona puede gritar, llorar o mostrar signos de pánico, sin llegar a despertarse del todo. Son muy habituales en niños entre 3 y 8 años y suelen desaparecer con el crecimiento. - Despertar confusional.
La persona se despierta desorientada, sin saber dónde está ni qué está ocurriendo, y puede tardar varios minutos en recuperar la conciencia plena. Es más frecuente en situaciones de fiebre, falta de sueño o cansancio acumulado.
Parasomnias del sueño REM
l sueño REM es la fase en la que se producen la mayoría de los sueños. Las parasomnias que aparecen en este momento suelen ocurrir en la segunda mitad de la noche y, a diferencia de las del sueño profundo, es más habitual que la persona recuerde lo que ha experimentado al despertar.
En esta fase, el cerebro está muy activo, pero el cuerpo permanece normalmente inmóvil gracias a una “parálisis muscular” natural. Cuando este mecanismo se altera o el contenido del sueño se vuelve muy intenso, pueden aparecer distintos tipos de parasomnias, como las siguientes:
- Parálisis del sueño.
Al despertar, la persona es consciente, pero no puede mover el cuerpo durante unos segundos o minutos. Aunque puede resultar muy angustiante, especialmente la primera vez, es un fenómeno inofensivo y transitorio. - Pesadillas recurrentes.
Son sueños vívidos e intensamente negativos que provocan un despertar con sensación de miedo real. Cuando se repiten con frecuencia, suelen estar relacionadas con niveles elevados de estrés o experiencias no procesadas, por lo que centrarse solo en el síntoma sin abordar la causa suele ser poco efectivo. - Trastorno de conducta del sueño REM.
Ocurre cuando falla la parálisis muscular propia de esta fase, lo que hace que la persona mueva el cuerpo, hable o incluso golpee mientras sueña, representando físicamente el contenido del sueño. Es más frecuente en mayores de 50 años y, en algunos casos, puede estar asociado a enfermedades neurológicas que conviene valorar.
A continuación, te dejamos una tabla comparativa que resume las principales diferencias y que puedes guardar como referencia para consultarla cuando lo necesites.

Causas de las parasomnias
En la mayoría de los casos hay varios factores que se combinan para que surjan las parasomnias:
- Privación o irregularidad del sueño. Dormir poco o con horarios muy cambiantes es uno de los desencadenantes más habituales.
- Estrés y ansiedad. Lo que no se procesa de día aparece de noche.
- Factores genéticos. Si uno de los padres tuvo sonambulismo o terrores nocturnos de niño, es muy probable que los hijos también los experimenten.
- Fiebre, alcohol o ciertos medicamentos. En niños los episodios aumentan con la fiebre; en adultos, el alcohol fragmenta el sueño y puede desencadenarlos.
- Otros trastornos del sueño subyacentes, como la apnea, que interrumpe de forma repetida el ciclo normal del sueño.
Síntomas más comunes
Los síntomas de las parasomnias pueden variar según el tipo, pero hay un patrón que se repite con mucha frecuencia: la persona no es consciente de lo que ocurre durante la noche y, en muchos casos, no recuerda nada al despertar.
Por eso, es habitual que el problema salga a la luz a través de alguien del entorno. Muchas personas acuden a consulta porque su pareja les dice que hablan dormidos, se mueven, gritan o realizan conductas extrañas durante la noche, sin que ellas hayan sido conscientes de ello.
En estos casos, la información de quien duerme al lado resulta especialmente valiosa, ya que aporta datos que el propio paciente no puede percibir.
Más allá de estos episodios, los síntomas que con mayor frecuencia se observan son:
- Episodios de angustia o confusión al despertar
- Cansancio diurno sin una causa clara
- Sensación de sueño poco reparador, a pesar de dormir suficientes horas
- Despertares nocturnos frecuentes, a veces acompañados de desorientación
Tratamiento de las parasomnias
El tratamiento de las parasomnias depende del tipo, su frecuencia y del impacto que tengan en la vida diaria. En muchos casos, especialmente en niños, no requieren un tratamiento específico más allá de mejorar los hábitos de sueño y asegurar un descanso adecuado.
Cuando los episodios son más frecuentes o generan malestar, puede ser necesario un abordaje más personalizado. En estos casos, el tratamiento se adapta a la causa y al tipo de parasomnia.
En las pesadillas recurrentes, especialmente cuando están relacionadas con el estrés o experiencias traumáticas, la terapia cognitivo‑conductual suele ser el tratamiento de elección. Técnicas como el ensayo en imaginación han demostrado ser especialmente útiles para reducir la frecuencia e intensidad de los episodios.
En otras parasomnias, como el sonambulismo o los despertares confusionales, el enfoque principal se centra en la regulación del sueño y en medidas conductuales. En estos casos, la intervención psicológica puede ser un complemento, pero no siempre es el eje central del tratamiento.
En situaciones más intensas o persistentes, el médico puede valorar el uso de tratamiento farmacológico, siempre bajo supervisión y como parte de un abordaje global.
Medidas y hábitos para mejorar el sueño
Es muy habitual ver a personas que llevan meses con episodios y que duermen poco entre semana, intentando compensarlo el fin de semana. Esa irregularidad es, en muchos casos, uno de los factores que mantienen las parasomnias en el tiempo.
Cuando se trabaja de forma constante la higiene del sueño, los episodios suelen mejorar de manera significativa, incluso sin necesidad de otros tratamientos. Las pautas que más ayudan son:
- Mantener un horario de sueño regular, también los fines de semana.
- Crear una rutina de relajación antes de dormir, reduciendo la luz y evitando pantallas en la última hora.
- Evitar el consumo de alcohol antes de acostarse, ya que altera la calidad del sueño.
- Gestionar el estrés durante el día. Prácticas como la meditación o el ejercicio físico regular pueden ser muy útiles.
- Reservar el dormitorio únicamente para dormir, manteniendo un entorno tranquilo, oscuro y con buena temperatura.
Las parasomnias son más frecuentes de lo que parece y, en la mayoría de los casos, tienen solución. Reconocerlas y saber cuándo buscar ayuda es el primer paso para recuperar un descanso realmente reparador.
Preguntas frecuentes sobre las parasomnias
¿Las parasomnias son peligrosas?
En la mayoría de los casos no son peligrosas. Muchas parasomnias, especialmente en niños, son benignas y tienden a desaparecer con el tiempo, aunque conviene prestar atención si implican riesgo de caídas, golpes o afectan al descanso.
¿Por qué ocurren las parasomnias?
Suelen aparecer por una combinación de factores. El estrés, la falta de sueño, los horarios irregulares o la predisposición genética son algunos de los desencadenantes más habituales, junto con el alcohol o ciertos medicamentos.
¿Es normal hablar o moverse dormido?
Sí, es bastante frecuente y no suele ser preocupante. Hablar dormido o realizar pequeños movimientos durante la noche forma parte de las parasomnias más leves y habituales.
¿Cuándo debería preocuparme por una parasomnia?
Cuando los episodios son frecuentes, intensos o afectan al descanso. También conviene consultar si implican riesgo de lesiones, aparecen en la edad adulta de forma repentina o generan un impacto importante en la vida diaria.
¿Las parasomnias tienen tratamiento?
En muchos casos basta con mejorar los hábitos de sueño. Cuando son persistentes o afectan a la calidad de vida, pueden abordarse con regulación del sueño, terapia o, en situaciones concretas, tratamiento médico.
