Ataques de pánico y desescalada ¿Cómo nos afectan?

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Dejado atrás el confinamiento,  la “nueva normalidad” no es para muchos sinónimo de felicidad. Durante las semanas de aislamiento buena parte de la población ha experimentado sensaciones de miedo y ansiedad, que favorecen los ataques de pánico, y ahora que podemos salir, juntarnos, ir a los bares… ¿Todos contentos?

Pues no todos, porque durante la desescalada la incertidumbre sigue ahí, incluso se acrecienta, especialmente por temor a contagiarnos. Esto puede hacer aumentar nuestra  ansiedad y también los ataques de pánico, que aunque están relacionados no son lo mismo. Por eso antes de continuar te dejo el enlace a nuestro artículo sobre la  ansiedad y cómo paliarla.

Para centrar el tema vamos a recurrir al manual de referencia a nivel mundial de psicólogos y psiquiatras, el DSM (Diagnostic and Statistical Manual of Mental Disorders ), publicado por la Asociación Estadounidense de Psiquiatría.

En él se nos hace hincapié en diferenciar un ataque de pánico, que puede ser puntual, a un trastorno de pánico, que es bastante más complejo. Vamos a ello.

Ataque de pánico

Repasamos algunas cuestiones claves para saber cómo funcionan y nos afectan los ataques de pánico.

Síntomas

El ataque de pánico, también denominado crisis de angustia,  se define según la última actualización del DSM como: Un episodio de miedo o malestar intenso caracterizado por su aparición brusca y por alcanzar su punto de máxima alteración en minutos.

En él deben de darse cuatro o más de los siguientes síntomas:

  1. Miedo a morir
  2. Miedo a perder el control y/o volverse loco
  3. Palpitaciones o aceleración del ritmo cardiaco
  4. Dolor o malestar en el pecho
  5. Nauseas o dolores abdominales
  6. Sudoración
  7. Temblores
  8. Sensación de falta de aire o atragantamiento.
  9. Escalofríos o sensación de calor
  10. Parestesias, entumecimientos u hormigueos
  11. Sensación de inestabilidad, mareo o aturdimiento
  12. Sensación de irrealidad y/o despersonalización

Como ves la lista es amplia y algunos síntomas coinciden con los de la ansiedad, de hecho el ataque de pánico se clasifica dentro de los trastornos de ansiedad, aunque su aparición suele ser más repentina e intensa. La persona puede incluso estar inicialmente en absoluta calma y desconocer cuál es el desencadenante de la crisis de angustia.

Cómo nos afectan

Si bien existen diferentes grados en las emociones que se dan durante un ataque de pánico, muchos lo describen como auténtico terror, una sensación de peligro e indefensión máxima, y aunque en ese momento no sean conscientes, el estrés o los miedos previos: a un accidente, a enfermar, etc… nos predisponen a padecerlos.

Durante una crisis de angustia la parte inconsciente de nuestro sistema nervioso central, dirigida por la amígdala cerebral, toma las riendas, orquestando la liberación de diversas hormonas y neurotransmisores (mensajeros neuronales) como la adrenalina y la noradrenalina, que deberían favorecer nuestra supervivencia ante una amenaza.

Pero… ¿Qué sucede cuando la producción de esas moléculas del estrés se descontrola? Pues que la parte racional de nuestro cerebro queda anulado, y la respuesta fisiológica deja de ser adaptativa. Entonces ya no nos ayudará, sino todo lo contrario.

Existe una investigación, todo un clásico en esta área, en el que a una mujer sin amígdala se la exponía a diferentes situaciones amenazantes, sin embargo en ninguna de ellas sentía temor ni mostraba síntomas relacionados. Si te apetece saber más sobre esta curiosa investigación sobre la amígdala y el miedo te dejo el enlace al artículo.

La despersonalización

De entre los  síntomas que hemos visto que caracterizan a los ataques de pánico la despersonalización destaca por su complejidad y el desasosiego que provoca ¿Lo habías oído alguna vez? ¿Intuyes lo que es?

Durante la despersonalización sientes que te observas a ti mismo desde fuera del cuerpo, pero eres consciente de que esa desconexión no es real.

Implica también sentir que vas “en automático”, como un robot, que no ejerces ningún control sobre tu cuerpo ni tus palabras, además puedes verte deformado, por ejemplo unos brazos muy grandes o la cabeza envuelta en neblina o difuminada.

Se trata de sensaciones muy desagradables,  y pueden asustar tanto a la persona que las padece que lleguen a bloquearla.  Es por esto que conocer los síntomas asociados a un ataque de pánico es importante, así como ser consciente de que es un fenómeno transitorio.

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La desescalada y el miedo

Durante la cuarentena muchas personas han padecido un incremento del estrés: por el aislamiento, por dificultades en la convivencia, por miedo al coronavirus…. El estrés continuado hiperactiva a la amígdala, y eso hace que seamos más susceptibles a padecer cualquier trastorno relacionado con la ansiedad.

El hecho de que se desconozca cómo puede evolucionar la tasa de infección del coronavirus en las próximas semanas añade un factor más de incertidumbre ¿Le afectará el calor? ¿Qué sucederá si hay aglomeraciones?

Por eso al comenzar a salir algunas personas percibirán nuevas amenazas, especialmente en los grupos de riesgo: me han tocado, se ha acercado demasiado, etc… y esto puede ser catalogado por la amígdala como un peligro a combatir.

Una reacción ajustada a estas situaciones sería distanciarnos de la otra persona. Las reacciones desproporcionadas pueden ir desde chillar al ataque de pánico… el abanico es muy amplio, y quizás ya hayas observado en alguna de tus salidas reacciones fuera de lugar, es el miedo.

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En algunas personas, las aglomeraciones pueden ocasionar ataques de pánico

Trastorno de pánico

Padecer de manera aislada ataques de pánico no se considera patológico, lo que sí se considera una enfermedad es el trastorno de pánico, también llamado trastorno de angustia.

Para considerar que esto se da debe de suceder al menos una de estas 3 cosas:

  1. Los ataques de pánico son recurrentes e inesperados.
  2.  Que la persona viva habitualmente con miedo a padecer un ataque de pánico.
  3. Que haya alterado sustancialmente su comportamiento tras haber sufrido uno, sin que exista otro motivo que lo justifique.

El hipocampo

A veces tener tan solo una crisis de angustia puede desencadenar ya este desorden, y esto es “culpa” del hipocampo. El hipocampo es un área del cerebro muy relacionada con la memoria y la creación de recuerdos, e interactúa con la amígdala que es la que desencadena el miedo.

Cuando se padece un ataque de pánico el hipocampo tiende a fijar fuertemente en la memoria todo lo relacionado con ello ¿Por qué? Porque considera que recordándolo nos protegerá. Al fin y al cabo la amígdala le ha informado de que se trataba de un grave peligro, así que hay que evitar las situaciones similares.

A más intensa sea la emoción más potentes son esos recuerdos, por ello las personas suelen recordar cada detalle de lo sucedido: donde estaba, la ropa, a qué olía, las sensaciones corporales, etc. En esta investigación del Hospital Universitario de Alemania nos explican más sobre este fenómeno y la participación del hipocampo en el mismo.

Esto puede hacer que posteriormente muchas situaciones les hagan revivir la crisis de angustia. Incluso el cerebro puede establecer una relación de manera inconsciente, y que esto desencadene preocupación innecesaria o una  nueva crisis sin que comprendan su origen.

Pongamos un ejemplo en el que la persona sí es consciente de esa relación: imaginemos que se trata de una mujer que padeció taquicardias durante una crisis de angustia y que poco después, al correr a por el autobús, se le acelera el pulso.

Entonces esta persona puede quedar atemorizada durante días, semanas o meses, pensando que si corre favorecerá una nueva crisis, y evitará esa situación. 

Otro ejemplo frecuente es el miedo que surge a lugares similares al que se dio el ataque de pánico: en el supermercado, en un bar, etc… lo que puede desencadenar agorafobia: miedo intenso a determinados lugares.

Esta es una derivada de los ataques de pánico muy compleja y que empeora el cuadro inicial, pues si se da la persona suele evitar ir a esos lugares, generándose más ansiedad,  más tendencia a depresión, a padecer fobias sociales,…

Conclusión

Por eso cuando un problema comienza no debemos dejarlo avanzar. Debemos ponernos en manos de profesionales cuanto antes para que nos ayuden a gestionar nuestros miedos, ansiedad o estrés, para que estos no avancen hasta convertirse en un obstáculo que nos parezca insalvable. Si eres cliente Aegon, recuerda que de una forma muy sencilla puedes tener acceso a ayuda psicológica gracias a nuestra App Telemedicina Aegon

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¿Y a ti? ¿Te da miedo la desescalada?¿Temes contagiarte o estar de nuevo en contacto con más personas? Recuerda que la prudencia nada tiene que ver con el temor, vivimos unas semanas en las que la prudencia es fundamental, para el miedo sin embargo, nunca es buen momento.

Espero que te haya resultado útil este artículo, y si ha sido así no te olvides de compartirlo en tus redes, quizás pueda ayudar a otras personas que sufren ataques de pánico. Dando a conocer estas situaciones lograremos levantar ese tabú que aún pesa sobre ellas.