Escarlatina: causas, síntomas y tratamiento

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Cualquier enfermedad que se desarrolle en un miembro de la familia, sea niño, adolescente o adulto, debe ser detectada y tratada a tiempo para poder prevenir complicaciones o secuelas que acaben por influir negativamente en sus vidas.

Por ello, desde Aegon Seguros, en esta ocasión vamos a hablarte de la escarlatina, una enfermedad que, aunque hoy en día pueda considerarse leve por contar con un tratamiento médico eficaz, todavía no ha conseguido ser erradicada completamente de nuestro país.

Hace unos años llegó a considerarse que la enfermedad se había erradicado completamente en Europa pero nada más lejos de la realidad. Puesto que, poco tiempo después, empezaron a detectarse rebrotes en niños y adultos.

Así que, ¡adelante! Sigue leyendo y aprende a detectar sus síntomas.

¿Qué es la escarlatina?

Según el CDC (Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades), la escarlatina, también conocida como fiebre escarlata, es una enfermedad bacteriana, provocada por un grupo de bacterias llamado Estreptococos A.

Estas bacterias, al entrar en el organismo humano, producen una toxina que causa un sarpullido de color rojo brillante y se extiende por todo el cuerpo, y es denominado escarlata. De ahí, su nombre.

Aunque esta enfermedad es mucho más frecuente en niños de entre 5 y 15 años, cualquier persona puede contraerla puesto que las infecciones bacterianas que causan esta enfermedad son altamente contagiosas y se transmite a través de las pequeñas gotas de saliva que expulsamos al toser, estornudar o hablar. Además, al derivarse en una infección cutánea, también puede contagiarse al contacto con la piel. 

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¿Cuáles son los síntomas de la escarlatina?

Los primeros síntomas de la escarlatina en niños, y también en adultos, es la aparición de dolor y rojez en la garganta, fiebre superior a los 38º, inflamación de los ganglios linfáticos del cuello y, por supuesto, la erupción cutánea tan característica de esta enfermedad que suele aparecer inicialmente en la zona del cuello y la cara y se va extendiendo por el pecho y la espalda hasta acabar por cubrir, casi completamente, todo el cuerpo.

Además, algunos síntomas posibles de la escarlatina pueden ser los escalofríos, dolor general, pérdida de apetito, náuseas, vómitos…

Sea como sea, ante la aparición de cualquiera de estos síntomas, es prioritario acudir al médico para que diagnostique qué es lo que está aconteciendo en el enfermo y pueda llevar a cabo el tratamiento que considere adecuado.

Diagnóstico

Ante cualquier síntoma parecido a los de escarlatina que detectemos, es imprescindible acudir con rapidez al médico para que éste pueda llevar a cabo un diagnóstico y, posteriormente, aplicar un tratamiento.

El diagnóstico de la escarlatina suele hacerse en la valoración visual del paciente. Observando los síntomas y buscando los sarpullidos característicos de la enfermedad. Pero, en muchas ocasiones, los facultativos prefieren confirmar su diagnóstico llevando a cabo un pequeño frotis en el que se toma una muestra de la garganta para realizar un cultivo o haciendo una prueba rápida de presencia de estreptococos.

La prueba de cultivos es mucho más determinante, aunque lenta, por ello, si la detección de estreptococos ha dado negativa, pero aun así el médico sigue pensando que las causas de los síntomas que se presentan derivan de la escarlatina, la llevará a cabo.

No hacer un buen diagnóstico y detectar la enfermedad a tiempo, puede derivar en graves complicaciones para el enfermo. Como, por ejemplo, la fiebre reumática en niños, problemas en el corazón, el hígado, el riñón…

Tratamiento

Pese a que se prevé que la vacuna para la escarlatina no tarde demasiado tiempo en estar preparada y a disposición de la sociedad, hoy en día todavía no existe. Por lo que, cuando los médicos diagnostican la escarlatina en un paciente, el tratamiento se lleva a cabo con antibióticos como la penicilina o la amoxicilina.

De este modo, se consigue reducir el tiempo en el que la persona está enferma, se reduce la posibilidad de contagio frente a otras personas, se intenta prevenir, también, la aparición de cualquier tipo de complicación grave y, por supuesto, se alivian los síntomas que afectan al enfermo. 

Prevención

Tal y como hemos comentado antes, a pesar de que no exista aún una vacuna para la escarlatina, la CDC nos recuerda que hay formas de protegernos:

  • Lavado de manos con frecuencia para prevenir el contagio y transmisión de los estreptococos
  • Cubrirse al estornudar o toser
  • Usar desinfectante de manos

Escarlatina y embarazo

La preocupación de contraer la escarlatina en el embarazo es una realidad. Porque, aunque ya se haya pasado la enfermedad en alguna otra etapa de la vida, sí es posible volver a contraerla a lo largo de la vida si se vuelve a estar expuesto a ella.

En un principio, esta enfermedad no supone un riesgo para las mujeres embarazadas, ya que según los estudios realizados hasta el momento no afecta al buen desarrollo del feto.

Aun así, todo depende del momento en el que la madre se contagie, ya que, si la fiebre alta aparece durante las primeras semanas de embarazo, es probable que se ocasionen en el feto algunos defectos congénitos. Y, por supuesto, si la enfermedad no se trata debidamente, la aparición de meningitis y otros infecciones sistemáticas pueden ser serias complicaciones que perjudiquen gravemente. Además, si durante el parto la madre sigue con fiebre, es muy probable que el bebé nazca infectado.

Recuerda, ante cualquier sospecha o duda de contagio, no dudes en ponerte en contacto un especialista.

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