Sudor ¿Por qué se produce?: hiperhidrosis, sudores nocturnos y sudores fríos

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El sudor, la liberación de líquido por las glándulas sudoríparas de todo el cuerpo, es una función fundamental para el correcto funcionamiento del organismo que muchas veces obviamos.

De hecho, esta función corporal no solo actúa como regulador de la temperatura corporal, también aparece como una especie de “sistema de alerta” ante situaciones adversas de nuestro organismo.

Y, por último, también existen alteraciones en el sudor que, aunque no suponen un problema grave de salud, sí lo puede ser anímicamente. Todo esto y más lo explicamos a continuación.

¿Qué es el sudor?

El sudor, tal y como ya hemos mencionado actúa principalmente como regulador térmico. A través de las de entre 2 y 4 millones de glándulas sudoríparas se segrega el sudor que es un 99% agua y solo en un 1% sales y aminoácidos.

Es el propio cerebro, en concreto el hipotálamo, que controla la temperatura, es quien tan pronto detecta que la temperatura corporal ha superado los 37 grados transmite a las glándulas sudoríparas la orden para que produzca y libere líquido.

Este líquido al evaporarse enfría la piel ayudando a que recobre su temperatura normal. Por ello se suda especialmente cuando hace mucho calor, se realiza actividades físicas o se tiene fiebre. Pero, también en otras situaciones relacionadas con nerviosismo y estrés.

¿Por qué hay gente que suda más que otra?

El cuerpo humano tiene millones de glándulas sudoríparas que varían entre personas, este hecho ya marca una primera diferencia.

También está el sexo. Por lo general los hombres sudan más que las mujeres. Y también la edad, ya que es a partir de la adolescencia cuando se “activan” todas estas glándulas.

Así, en circunstancias iguales, hay personas que pueden sudar alrededor de 100 ml al día y otras incluso aproximarse al litro.

¿Y por qué hay zonas en las que suda más?

También relacionamos mucho el sudor con ciertas zonas del cuerpo como son las axilas, los pies o las palmas de las manos. Esto es así porque entre los millones de glándulas sudoríparas que tiene el cuerpo en estas zonas confluyen dos aspectos:

  • Son áreas con una mayor densidad de glándulas sudoríparas.
  • Al estar algunas de ellas cubiertas con ropa, las axilas son el caso más claro, y no poder evaporarse tan fácilmente, son más perceptibles.

Todas estas zonas también se relacionan con el mal olor del sudor. La realidad es que el sudor en si es inodoro y el mal olor se produce cuando las bacterias que tenemos de forma natural en nuestra piel empiezan a nutrirse de las sales que componen el sudor.

Los tipos de sudor y las glándulas que lo generan

Cómo también hemos adelantado existen diferentes mecanismos que generan sudor, esto también se relacionan con los dos tipos de glándulas sudoríparas:

  • Glándulas Ecrinas: Están prácticamente en todo el cuerpo y son las que reaccionan cuando hay un exceso de temperatura. Su sudor es 99% agua y por tanto al tener menos componentes se deteriora menos por la acción bacteriana y no genera tan mal olor.
  • Glándulas apocrinas: Se concentran generalmente en el pelo, axilas y área genital. Es un sudor menos abundante pero que se genera en situaciones de estrés. También es más rico en otros componentes lo que hace que su descomposición bacteriana sea más fuerte.

El sudor frío

Estas dos funciones o reacciones distintas las vemos claramente en lo que conocemos como sudor frío. Si la sudoración tiene un claro efecto térmico, reduciendo la temperatura del cuerpo, una sudoración rápida y excesiva (diaforesis), produce este enfriamiento rápido que relacionamos como sudor frío.

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El sudor frío no deja de ser una sudoración anormal se produce como respuesta corporal en situaciones de peligro, que van desde el miedo, dolor o como es muy común síncopes (bajadas de tensión arterial) y episodios de hipoglucemia o bajo nivel de azúcar.

Este sudor frío nos alerta de un peligro y nos ayuda a ponerlo remedio antes de que la situación sea más grave.

Sudores nocturnos

Otro episodio de sudoración anormal es lo que conocemos como sudores nocturnos. Es muy común que alguna vez se haya despertado empapado en sudor. Este hecho suele tener una explicación sencilla.

Si a un episodio de sudor, por ejemplo, por fiebre, se suma estar tapado y, por tanto, que la transpiración sea más complicada, esta humedad se queda condensada en la propia ropa y en la de cama.

Generalmente se asocian a episodios de dolor, malestar y fiebre, aunque también en ocasiones los maximizamos por tener un exceso de mantas y otros elementos contra el frio.

Por ello es importante tener una habitación con una temperatura adecuada para tener sensación de confort y tratar el problema que lo causa. Si tienes gripe, por ejemplo, sudar por la noche no va a hacer que te cures más rápidamente.

Hiperhidrosis o sudoración excesiva

Por último, un trastorno no peligroso o molesto es la sudoración excesiva o hipehidrosis. No estamos hablando como lo hemos hecho anteriormente de un episodio temporal si cuando se suda en exceso con frecuencia sin que medie una situación de estrés o calor excesivo.

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La hipehidrosis no genera ningún problema a tu salud corporal. En algunos casos exige una mayor hidratación, pero sin que suponga un cambio importante. Pero si afecta anímicamente al condicionar nuestras relaciones sociales incluso derivando en episodios de ansiedad.

Por ello, el tratamiento se centra en el uso de antitranspirantes para disminuir esta sudoración llegando incluso en algunos casos en los que esta situación afecte gravemente a la cirugía para extraer glándulas sudoríparas o desconectarlas del sistema nervioso para así hacer disminuir el sudor.