¿Tú hijo tiene rabietas? Así es como tienes que reaccionar

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“Usted puede obtener una gran satisfacción de la idea de que todas las cosas que hace por amor al bebé penetran en él igual que el alimento. El bebé construye algo con todo eso”. Donald Winnicott

Todos conocemos las famosas rabietas de los niños pequeños y muchos somos los que las hemos tenido que gestionar como podíamos, sobre todo cuando nos pillan de principiantes. Lo que es importante destacar es que es un periodo del desarrollo normal que atraviesa el niño para crear su propia individualidad y carácter, no en vano se llama “primera adolescencia”, y no siempre es fácil manejarlo. Muchas son las mamás que he recibido en consulta en estos momentos vitales por los que pasa el niño, ya que sienten que sus herramientas y sentido común no son suficientes y se ven desbordadas por estos estallidos de llanto y quieren saber si están educando bien a sus hijos.

1. ¿Qué son las rabietas?

Como hemos comentado anteriormente, una rabieta es un periodo del desarrollo evolutivo normal del niño en el camino de crear su propia individualidad y carácter. Este periodo está comprendido entre los 2 y 4 años (aunque varía según el niño). En este momento la etapa de apego necesaria para la supervivencia ya se ha superado, y entonces el niño comienza su andadura hacia la independencia y autonomía, un largo camino que acabará en la edad adulta. El problema radica en que la forma que el niño tiene para manifestar su independencia y autonomía es una forma muy simple que muchas veces desquicia al adulto al no ser comprendida: las rabietas, el temible no a todo y “el mío”. Negando todo, el niño expresa que él es otra persona diferente al que le da la orden, y esta es su forma rudimentaria de definirse como un ente ya que aún no sabe lo que es sino lo que no quiere. El “mío” es otra forma de afianzar su personalidad, marcando lo que es suyo o lo que quiere.

La rabieta suele llegar cuando los padres no entienden que le pasa al niño y se enfadan, por lo que esto provoca un conflicto emocional que lleva al niño a un sentimiento de ambivalencia por enfadarse con los adultos que más quiere en el mundo. Es decir, una rabieta es una lucha interior que tiene el pequeño entre lo que debe hacer como niño y la incomprensión de sus padres.

Es importante ver lo que ha desatado esta reacción en el niño, comprender pero no ceder necesariamente. Muchos padres malinterpretan estos estallidos como “tomaduras de pelo”, “me está retando”, “es un rebelde”, “me desobedece”, perdiendo la perspectiva de que tan sólo es una primera etapa en el largo camino de convertirse en una persona con gustos y características diferentes a ellos.

2. ¿A qué edad se desarrollan las primeras rabietas?

La edad en que generalmente los niños comienzan a tener rabietas es a los dos años, aunque algunos niños pueden empezar antes (a partir de los 18 meses). Su final suele ser a los 4 años, cuando ellos aprenden a tolerar la frustración y las emociones denominadas “negativas”. Por ello, yo siempre digo que es una muy buena prueba para conseguir una adecuada gestión de la frustración para ellos… y para sus padres. Si no conseguiste gestionarla en su día, es posible que tu hijo te ayudará a aprender a hacerlo en esta etapa.

3. ¿Cómo gestionar las rabietas de un niño?

A continuación os presentamos una serie de consejos para gestionar las rabietas de tu pequeño:

  • Lo primero siempre es evitar ese momento en la medida de lo posible. Quizás te pille desprevenido la primera rabieta de tu hijo ante una tienda de juguetes, pero seguramente aprenderás a no pasar tan frecuentemente delante de ellas.
  • Comprender y no juzgar a nuestros hijos: esto es no decirles cosas como “eres un desobediente”, “eres un rebelde”, “lo haces para fastidiarme”, “me está retando”, etc. Tú hijo no lo hace por ti, lo hace por él, trata de no personificar.
  • Mantenerse firmes en caso de decidir que no se cumplirá la demanda del niño. Es importante que esta decisión se tome con seguridad y se deje a un lado la culpa. El niño necesita saber que los adultos están seguros de que su decisión es la correcta.
  • Explicaciones cortas. Como sabemos como adultos, cuando uno está enfadado es difícil entender lo que te está queriendo explicar el otro. En los niños pasa multiplicado por 10. La explicación que le des no tiene como objetivo convencerle, eso va a ser imposible en estos momentos. El objetivo es explicar que lo que pide no es posible ahora y que entiendes como se puede sentir. Es una explicación de acompañamiento, firme pero breve. Cuando el pequeño salga de ese estado, los dos juntos podréis hablar de lo ocurrido tranquilamente.
  • No responder ni con enfado ni con risa. No hay nada peor para un niño que su padre se ría de este momento. En el el periodo de reflexión puede ser una buena táctica, pero en ese momento no. Imaginaros si vuestro jefe se ríe de vosotros cuando estáis enfadados por algo que hizo. En un niño igual, y más en esta edad donde la vergüenza es un gran compañero. En el caso de enfadarte, el niño percibe que las personas que más quiere en el mundo está enfadadas por algo que él no puede controlar. Si te enfadas con tu hijo que sea por lo que dice y hace con su enfado, no por el hecho de manifestar esa emoción. Por ejemplo, algunos niños pegan cuando sienten enfado. Ahí hay que señalarle que eso no está permitido y que te enfada o pone triste.
  • Darle alternativas: Ante un no por algo que no es posible, darle una alternativa que sí puede hacer. Por ejemplo: no puedes pintar en las paredes y en los muebles pero sí en cartulinas, folios y otras superficies.
  • A veces, sobretodo en momentos en los que el niño no es capaz de salir de la rabieta a pesar de todos los intentos, un cambio de escenario o distracción puede ser un buen recurso. Así muchas veces se olvidan de lo que estaban pensando.
  • Advertirle que gritando o pegando no vamos a poder entenderle y escucharle. Por ello, si se sale de esos límites, le explicamos que así no podemos continuar ahí y que cuando se calme, estaremos disponibles para escuchar lo que quiere.
  • Esquivando los noes: A veces es de gran utilidad escenificar el problema con sus peluches para que entienda o lo pueda ver desde fuera.
    • Mediante el juego: Por ejemplo, mamá oso le dice a bebé oso que no puede tomar un helado antes de cenar  porque sino no cena cosas que necesita para crecer, que en otro momento lo podrá tomar. Los niños son muy sensibles al juego y entienden muy bien desde ahí.
    • En contadas ocasiones y críticas, usar “la psicología inversa” (pero no abusar). Es decir, si tu hijo dice que no ante vestirse, le puedes decir que no se vista. Si lo usas muy poco funciona. Sobretodo es de utilidad en momentos en los que hay un tiempo límite.
    • También, en pocas ocasiones, negociar, ya que aún no están en ese momento (a partir de los 6 es preferible). Esto puede usarse en temas que no requieren rutinas, peligro u obligaciones como la ropa que se van a poner. Dar dos opciones siempre facilita a que el niño pueda elegir pero sin demasiadas opciones, algo que le puede aturdir.

Hay luz en el horizonte: De pronto, tras toda la espera después de haber plantado las semillas, llega un día en el que tú hijo adquiere la tolerancia a la frustración suficiente y el lenguaje para dejar las rabietas a un lado y poder expresar lo que quiere y no quiere sin lloros ni rabietas. Si hemos sembrado adecuadamente en esta etapa, recogeremos una buena cosecha en la que llegará el día en que tu hijo pida las cosas de forma adecuada para su edad.

4. ¿Y si las rabietas son extremas?

Existen niños que, por diversas razones, presentan rabietas muy largas en el tiempo y muy intensas. Parecen niños a los que nada les calma. En estos casos puede ser de gran utilidad el que consultemos a un especialista. Esto puede ser más fácil en el caso de tener un seguro médico para la familia, ya que podrás consultar con el pediatra o, en caso de ser necesario, a un psicólogo especialista en infantil. Así, siempre os sentiréis contenidos por un equipo que entiende las necesidades de la familia y los problemas por los que estáis atravesando en el momento en el que os encontráis.