Cómo conseguir que tu hijo se jubile millonario

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Tal vez no como para hacerse millonario, pero, desde luego, como padres podemos hacer cosas para que nuestros hijos, en el futuro, jubilación tranquila y adecuada.

Desde luego eso empieza con algo tan fundamental como inculcar el hábito del ahorro. Para lograr este objetivo, desde luego, nosotros tenemos que tener dicho hábito incorporado.

Inculcar el hábito del ahorro

La sensación de la no necesidad de ahorro a largo plazo nace de la combinación de dos elementos. Por un lado, de los ingresos estables y más o menos continuados, por otro lado, del bienestar inmediato que supone el consumo.

La reflexión realmente es simple. La vida tiene altos y bajos a todos los niveles. Imagínate que en algún momento esos ingresos estables dejan de serlo, ya no tendrás acceso al consumo, no al menos de la misma manera. Esto es una suposición, sin embargo, en el caso de la jubilación es una certeza. Las pensiones de jubilación suponen una merma de ingresos en relación al periodo laboral. Dicho de otro modo, vas a dejar de ganar una cantidad de dinero cuando te jubiles. Si eso nos ocurre a nosotros, imagina a nuestros hijos con un futuro para las pensiones aún menos halagüeño.

Con la anterior reflexión puedes llegar a otra también muy simple: cuanto antes comience a ahorrar menos esfuerzo tendré que hacer para obtener la cantidad de dinero que necesito a largo plazo. Por tanto, si comenzamos a ahorrar en nombre de nuestros hijos, y, cuando estos crezcan les traspasamos dicho ahorro con vocación de continuidad, estaremos haciendo realmente un buen trabajo para su futuro. ¿Por qué? Porque además de ahorrar podrán aprovechar en toda su extensión del interés compuesto.

El interés compuesto y el ahorro a largo plazo

El interés compuesto es el beneficio que obtienes en una inversión, que te permite a su vez ser reinvertido con el capital inicial para seguir generando intereses. Esto es lo que se conoce como efecto multiplicador. El beneficio de todo esto está en el hecho de ver cómo los intereses obtenidos se añaden al principal, aumentando la cifra inicial, y a su vez genera intereses. Es decir, hasta los propios intereses generan más dinero.

Pero esto lo podemos ver mejor con un ejemplo. Imagínate un rendimiento del 3% para una cantidad de 25 euros mensuales es decir 300 euros anuales, que iremos aportando año tras año. Veamos qué pasa transcurridos cinco años.

Primer año 300 x 1+0.03 309
Segundo año 609 x 1+0.03 627,27
Tercer año 927,27 x 1+0.03 955,08
Cuarto año 1255,08x 1+0.03 1292,73
Quinto año 1592,73 x 1+0.03 1640,51

Lo primero que podemos comprobar es que hemos aportado 1500 euros, pero hemos recibido 1640,51€. Es decir 140,51 euros de beneficio. Por tanto, sobre el total aportado hemos recibido un beneficio de más del 9%. Pero más aún, este porcentaje crecerá con los años. Mira la tabla de rentabilidad de los cinco primeros años.

Aportación Rentabilidad Porcentaje de rentabilidad
300 9 3%
600 27,27 4,54%
900 55,08 6,12%
1200 92,73 7,72%
1500 140,51 9,36%

No resulta muy difícil imaginar lo que ocurre si este escenario, que hemos colocado sólo a cinco años, se mantuviera por ejemplo durante 24 años, hasta la finalización de los estudios de nuestros hijos. Puedes perfectamente hacer el cálculo siguiendo las operaciones señaladas en el primer cuadro, y, te sorprenderás del momento en el que lo aportado se va a duplicar. Es bastante antes de lo que crees.

Tampoco resulta difícil imaginar si nuestros hijos continuarán el ahorro iniciado en su nombre. Simplemente con una aportación similar, es decir baja, a lo largo de toda su vida profesional, lograrían al final del ahorro una cantidad realmente importante. Pero, si con el paso del tiempo van incrementando sus aportaciones al ahorro, esta cantidad puede realmente llegar a ser muy elevada. ¿Millonarios? Tal vez no, pero, desde luego, en una situación económica desahogada y con recursos para mantener el nivel de vida en el momento de la jubilación.