Misofonía: qué es, causas y opciones de tratamiento

La misofonía es un trastorno de intolerancia a sonidos específicos como masticar, respirar fuerte, teclear o golpear objetos que provoca respuestas emocionales y físicas intensas, como irritación, ansiedad, rabia o necesidad urgente de escapar. Aunque no tiene cura definitiva, existen tratamientos eficaces como la terapia cognitivo‑conductual, la exposición gradual, mindfulness y el uso estratégico de auriculares o ruido blanco. Con apoyo profesional y ajustes en el entorno, la mayoría de las personas logra mejorar significativamente su calidad de vida y reducir el impacto emocional y social del trastorno.
Índice
Qué es la misofonía y cómo se manifiesta
La misofonía, del griego, “odio al sonido”, se define hoy como un trastorno de disminución de la tolerancia a determinados sonidos o estímulos asociados a ellos. Estas señales, llamadas disparadores o triggers, se experimentan como especialmente desagradables o intrusivos y provocan reacciones emocionales, fisiológicas y conductuales desproporcionadas. Al escuchar un sonido disparador, la persona con misofonía puede experimentar:
- Respuesta emocional intensa: irritación extrema, rabia, ansiedad, asco o angustia.
- Síntomas físicos: tensión muscular, aumento de la frecuencia cardíaca, sudoración, sensación de presión en el pecho o necesidad urgente de escapar.
- Conductas de evitación o confrontación: salir de la habitación, taparse los oídos, usar auriculares, pedir que se deje de hacer el ruido o, en casos graves, llegar a reacciones verbales desproporcionadas.
Es importante subrayar que la misofonía no está relacionada principalmente con el volumen del sonido, sino con su patrón y el significado que tiene para la persona. Así, muchos pacientes tienen una importante tolerancia sin problemas a ruidos fuertes, por ejemplo, el tráfico, pero reaccionan con gran malestar ante sonidos suaves, repetitivos y cercanos, como el masticar o el tecleo constante.
Causas posibles de la misofonía
Las causas de la misofonía no están completamente aclaradas. La evidencia disponible apunta a un origen multifactorial, en el que se combinan factores neurobiológicos, psicológicos y de aprendizaje. Así se cree que:
- Existen conexiones atípicas entre áreas auditivas y regiones implicadas en la emoción.
- El cerebro interpreta determinados sonidos como especialmente significativos o amenazantes, activando de forma rápida la respuesta de confrontación o huida.
Además, existen ciertas pautas que se repiten constantemente en la mayoría de los casos:
- La misofonía se asocia con mayor frecuencia a ansiedad, depresión, trastorno obsesivo-compulsivo y otros cuadros relacionados con la regulación emocional.
- Se plantean posibles componentes genéticos compartidos con otros problemas de salud mental, aunque esta línea aún se está desarrollando.
- Pueden influir experiencias de aprendizaje: por ejemplo, situaciones de estrés o conflictos repetidos en torno a determinados sonidos refuerzan la reacción de alarma.
En resumen, la misofonia se entiende hoy como una condición en la que un sistema nervioso vulnerable, unido en muchos casos a experiencias vitales concretas, da lugar a respuestas desproporcionadas ante sonidos específicos. No es una manía ni una falta de tolerancia, sino un patrón de reacción que tiene base neurobiológica y psicológica.
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Sonidos que suelen desencadenar misofonía
Cada persona con misofonía tiene un perfil de disparadores propio. No obstante, hay una serie de sonidos que aparecen de forma recurrente:
- Sonidos de la boca y de la alimentación: masticar, sorber, chasquear los labios, tragar con ruido.
- Sonidos de respiración y nariz: resoplidos, respiración muy audible, olfateos repetidos.
- Sonidos rítmicos y mecánicos: clic de bolígrafo, tecleo incesante, golpeteo de dedos o pies, tic-tac de un reloj, goteo de agua.
- Sonidos ligados a envoltorios y objetos: arrugar papel o plástico o abrir paquetes.
En algunos casos hay también disparadores visuales asociados, como ver a alguien masticar o mover el pie de cierta forma, que provocan una reacción similar, incluso sin oír claramente el sonido.
Para quienes no padecen misofonía, estos estímulos pasan casi desapercibidos. En cambio, para quien tiene esta condición, pueden resultar prácticamente intolerables, con una respuesta inmediata de malestar y tensión difícil de controlar.

La misofonía no se limita a una molestia puntual: puede tener consecuencias profundas en la vida emocional, familiar y laboral. En el plano emocional es frecuente encontrar:
- Malestar psicológico intenso ante la anticipación de situaciones donde puedan aparecer sonidos disparadores (comidas, reuniones, clases, transporte público).
- Sentimientos de culpa o vergüenza por reaccionar así, especialmente cuando los sonidos proceden de personas cercanas.
- Baja autoestima y sensación de incomprensión, sobre todo si el entorno minimiza el problema o lo interpreta como un rasgo de carácter exagerado o maniático.
En el plano social y funcional la misofonía puede llevar a conductas que rompan el equilibrio social y familiar:
- Evitar actividades sociales: comidas en grupo, reuniones familiares, eventos culturales o espacios públicos ruidosos.
- Conflictos en la convivencia, dado que los sonidos disparadores suelen estar vinculados a rutinas diarias (comer, escribir, respirar, manipular objetos).
- Dificultades en el ámbito académico o laboral, sobre todo en oficinas de planta abierta, aulas grandes o espacios compartidos, donde resulta difícil controlar el entorno sonoro.
¿La misofonía se puede curar?
Una de las preguntas más habituales es si la misofonia como se cura. La realidad es que no existe una cura específica, pero sí se puede hablar de tratamientos y estrategias para su control. El objetivo, por tanto, es disminuir la intensidad de las reacciones, aprender técnicas de control y evitar que el problema limite por completo la vida cotidiana.
Terapias recomendadas para tratar la misofonía
Antes de optar por una intervención concreta, es fundamental una evaluación individualizada que tenga en cuenta la historia clínica, la presencia de otros trastornos (ansiedad, depresión, TOC, autismo, etc.) y el impacto funcional en la vida diaria. Entre las opciones terapéuticas con apoyo científico o clínico emergente destacan:
- Terapia cognitivo-conductual (TCC) específica para misofonía que incluya psicoeducación sobre qué es la misofonía, trabajo sobre pensamientos automáticos, técnicas de regulación emocional y de tolerancia al malestar y exposición gradual a sonidos disparadores en un contexto controlado y seguro.
- Estrategias audiológicas y de manejo del sonido como uso de auriculares con cancelación de ruido, ruido blanco o sonidos ambientales que ayuden a enmascarar los disparadores en contextos inevitables.
- Programas basados en mindfulness y regulación emocional que combinen atención plena, aceptación y técnicas de manejo de la ira.
Apoyo profesional y grupos de ayuda
Además de la terapia individual, el acompañamiento profesional y comunitario desempeña un papel relevante:
- Es recomendable consultar con psicólogos clínicos, psiquiatras, terapeutas ocupacionales y/o audiólogos familiarizados con problemas de tolerancia al sonido y regulación emocional.
- Organizaciones y páginas de divulgación sobre misofonía proporcionan material educativo y, en algunos casos, listados de profesionales o grupos de apoyo.
Además, los grupos de ayuda mutua, presenciales u online, pueden contribuir a:
- Reducir la sensación de aislamiento.
- Compartir estrategias de afrontamiento.
- Validar la experiencia y favorecer una comprensión más compasiva de la propia misofonía.
Si, además de la misofonía, aparecen síntomas de depresión intensa es imprescindible buscar ayuda inmediata en los servicios de salud mental o de urgencias.
Consejos para convivir con misofonía en el día a día
La misofonía es, en la mayoría de los casos, una condición crónica. Sin embargo, muchas personas consiguen mantener una vida profesional y social satisfactoria gracias a una combinación de tratamiento, ajustes ambientales y estrategias personales.
Algunas recomendaciones generales para convivir con la misofonía son:
- Identificar con precisión los disparadores y las situaciones de riesgo
Registrar durante unas semanas qué sonidos desencadenan reacción, en qué contexto aparecen y qué respuesta se produce para así diseñar mejor las estrategias de afrontamiento y orientar el trabajo terapéutico. - Explicar la situación al entorno cercano. Una comunicación clara y respetuosa con familia, pareja, amistades o compañeros ayuda a evitar interpretaciones erróneas y pactar pequeños ajustes razonables como poner música suave en las comidas, reducir determinados ruidos repetitivos o permitir el uso de auriculares.
- Planificar el entorno sonoro cuando sea posible. Para ello lleva tapones o auriculares para situaciones previsiblemente difíciles (transporte público, oficinas abiertas, cafeterías), busca asientos algo más alejados de focos de ruido u organiza espacios de trabajo con cierto control sobre el ambiente acústico cuando sea viable.
- Equilibrar protección y exposición gradual. Una protección excesiva puede aliviar a corto plazo, pero también reforzar la hipersensibilidad y reducir cada vez más la participación social. El objetivo es encontrar un equilibrio entre protegerse en contextos muy intensos o imposibles de modificar y trabajar con apoyo profesional para lograr una exposición progresiva a determinados disparadores para recuperar espacios de vida significativos.
- Cuidar la salud mental y física global. El estrés mantenido, la falta de descanso u otros problemas de salud mental pueden aumentar la reactividad ante los sonidos. Por ello conviene, mantener horarios de sueño regulares y hábitos de vida saludables; incorporar técnicas de relajación, respiración o mindfulness y consultar a un profesional si aparecen síntomas de ansiedad generalizada o depresión.
- Adoptar una actitud de autocomprensión. La misofonía no es una elección ni una simple falta de paciencia. Reconocerlo y adoptar una mirada menos culpabilizadora hacia uno mismo puede disminuir el sufrimiento añadido y favorecer la búsqueda de ayuda.
En definitiva, la misofonía plantea retos reales en lo cotidiano, pero no tiene que condenar a una vida limitada ni aislada. Comprender qué ocurre, ponerle nombre y pedir ayuda profesional cuando sea necesario son pasos clave para tener una vida normal. Con una combinación de tratamiento adecuado, ajustes en el entorno y apoyo del contexto cercano, muchas personas logran reconstruir una convivencia más llevadera con los sonidos que antes resultaban insoportables.
Preguntas frecuentes sobre misofonía
¿Qué es la misofonía exactamente?
La misofonía es un trastorno en el que ciertos sonidos desencadenan reacciones emocionales y físicas muy intensas, como irritación, ansiedad o rabia. No depende del volumen del sonido, sino de su patrón o repetición.
¿Cuáles son los sonidos que más suelen desencadenarla?
Los sonidos más frecuentes incluyen masticar, sorber, respirar fuerte, teclear, hacer clic con un bolígrafo o golpear objetos repetidamente. En algunos casos también aparecen disparadores visuales.
¿Por qué ocurre la misofonía?
La misofonía se origina por una combinación de factores neurobiológicos, emocionales y de aprendizaje. El cerebro reacciona de forma exagerada ante determinados sonidos, activando una respuesta de alerta.
¿Tiene cura la misofonía?
No existe una cura definitiva, pero sí tratamientos eficaces que reducen mucho su impacto. Entre ellos destacan la terapia cognitivo-conductual, la exposición gradual y técnicas de regulación emocional.
¿Cómo afecta la misofonía a la vida diaria?
Puede generar estrés, dificultades en la convivencia, evitación de situaciones sociales o problemas de concentración, especialmente en espacios compartidos o ruidosos.
¿Qué estrategias ayudan a manejarla?
Son útiles el uso de auriculares o ruido blanco, técnicas de relajación, planificación del entorno sonoro, comunicación con el entorno cercano y la terapia especializada.
¿Cómo puedo explicar la misofonía a familiares o compañeros?
La mejor forma es describirla como una reacción involuntaria del sistema nervioso ante ciertos sonidos, no como una exageración o una manía. Explicar qué sonidos afectan, cómo te hacen sentir y qué ayuda necesitas mejora la comprensión del entorno.
Fuentes:
Misophonia: What It Is, Triggers, Symptoms & Treatment. Cleveland Clinic.https://my.clevelandclinic.org/health/diseases/24460-misophonia Cleveland Clinic
Misophonia: When Certain Sounds Trigger Emotional Distress. American Psychiatric Association. https://www.psychiatry.org/news-room/apa-blogs/misophonia-when-certain-sounds-trigger-emotional-d psychiatry.org
What is Misophonia? Duke Center for Misophonia and Emotion Regulation.
https://psychiatry.duke.edu/duke-center-misophonia-and-emotion-regulation/what-misophonia psychiatry.duke.edu