¿De verdad ahorras dinero haciéndolo tú mismo?

El hacer las cosas uno mismo puede suponer un ahorro. Sin embargo, tal vez no siempre merezca la pena. Veamos esto más a fondo.

Hemos hablado anteriormente de los gastos ocultos de tener casa. Sin embargo, además de esos gastos ocultos, existen otras fuentes de gasto, las pequeñas o grandes reparaciones. Poder solucionar estas reparaciones puede suponer una fuente de ahorro. También una fuente de problemas. Esto, se traslada a todos los ámbitos, con la posibilidad de resolver las cosas por nosotros mismos, en lugar de contratar profesionales.

Cada vez está más moda lo que se denomina DIY que, en el fondo, no deja de ser el hágaselo usted mismo que tan bien manejaban nuestros mayores. En la actualidad, esta moda viene a decirnos que, haciéndonos cargo nosotros mismos de determinadas tareas y arreglos, no sólo empleamos mejor nuestro tiempo de ocio, también ahorramos.

Que es la moda DIY

Se trata de las iniciales de Do It Yourself, es decir, hacerlo por uno mismo. Y hace referencia a la posibilidad de realizar pequeñas reparaciones en el hogar, en oficina, en el vehículo… En general, se trataría de ser capaces de resolver de manera autónoma determinada reparaciones o actividades que, de otro modo, requerirían la intervención profesional.

Obviamente, si pensamos que somos capaces de resolver reparaciones sin llegar a contratar a un profesional, el ahorro puede ser elevado. Sin embargo, esto es relativo.

Todas las personas tenemos determinadas fronteras para la habilidad, pero también para el empleo de nuestro tiempo. Tal vez, el tiempo que empleamos en una determinada actividad es tiempo que perdemos de trabajo, o de ocio, y puede no compensar el ahorro que proporciona.

Dónde es más habitual obtener ahorro

Realmente, podríamos hablar de cualquier actividad o necesidad. Se trata de valorar si lo podemos hacer nosotros podremos encargárselo a un tercero.

Aunque, pueden existir muchos ámbitos, los más habituales serían los siguientes:

En el hogar

En un artículo anterior, veíamos como aplicar el orden y las prioridades a las cosas, con el método Konmari, podía ayudarnos a ahorrar. Aplicar esa lógica de las cosas también aquí puede ser importante para tu bolsillo.,

Y es que aquí se engloban desde cuestiones básicas, como puede ser cambiar una bombilla, hasta cuestiones complejas como reformas, pintura de la casa, etcétera.

En los vehículos

Es probablemente el apartado donde más se ha notado la vuelta a tratar de hacer las cosas por uno mismo. Hoy en día, son muchas las personas que realizan tareas de mantenimiento y recambios en los vehículos. Esto puede ser por simple gusto por la mecánica, pero, también, puede aportar un ahorro considerable. Piense por ejemplo el cambio de aceite del vehículo, como veremos más adelante.

Manualidades

Se ha convertido en el otro foco importante de crecimiento de los seguidores del DIY. Tanto para las cuestiones relacionadas con la decoración del hogar, como para regalos, e incluso, en algunos casos, orientado hacia la venta en tiendas a través de Internet.

Cuánto ahorra el hágalo usted mismo

Si fuéramos capaces de resolver por nosotros mismos todas las demandas que los tres grupos que hemos citado suponen, el ahorro sería espectacular.

Sin embargo, debemos ser realistas. Resulta bastante complicado pensar en un escenario ideal en el que somos capaces de mantener nuestro ritmo de vida, trabajo, familia, etcétera, y, a la vez, ser capaces de resolver todos los problemas que requieran intervención en esas tres áreas.

Es, por tanto, muy difícil calcular realmente el ahorro que puede suponer. Para cada persona va a ser diferente. Obviamente, si somos capaces de cambiar el aceite y los filtros de nuestro vehículo, sabemos que nos podemos llegar a ahorrar en torno a 200 €. Es decir, hay cuestiones que son fácilmente cuantificables pero la media no lo es.

Cuándo merece la pena hacer las cosas por uno mismo

Si se dispone del tiempo, el conocimiento y los recursos, rotundamente sí. Los matices comienzan cuando falla alguno de esos tres elementos.

Imaginemos la reforma de una cocina. Pensemos, por ejemplo, en los costes que puede suponer una mala reparación, costes que pueden acabar muy por encima de lo que le habría supuesto contratar un profesional. Tal vez disponíamos de tiempo y los recursos, pero, nuestro conocimiento era limitado o, peor aún, pensamos que con un manual de Internet en la mano somos capaces de hacer cualquier cosa. Y esto es tremendamente relativo.

En general, el mejor consejo es hacer aquello para lo que nos sentimos capacitados y después valorar si tenemos tiempo y recursos. Obviamente, no tener que contratar a un profesional para hacer algo que sabemos y podemos hacer nosotros, supone un ahorro a tener en cuenta.