Alternativas a la leche cuando tienes intolerancia a la lactosa

Alternativas a la leche cuando tienes intolerancia a la lactosa

Ya sea permanente o temporal, la intolerancia a la lactosa siempre despierta numerosas dudas, es por eso que en este artículo queremos informarte bien sobre ello. 

Actualmente, tal y como ocurre con los alimentos sin gluten, la gente los compra porque están de moda. Se trata de un hecho que se refleja en el crecimiento de las ventas que, año tras año, registran este tipo de productos. Por ejemplo, esa percepción generalizada de que la leche sienta mal, que no siempre suele estar apoyada por una intolerancia real, ha provocado que el consumo de estos productos alternativos se dispare.

A pesar de ello, la intolerancia a la lactosa sí que existe, y gracias a una dieta baja en este azúcar, las personas que la padecen pueden vivir mejor y reducir las molestias digestivas asociadas.

De qué se trata este tipo de intolerancia

La lactosa es un tipo de azúcar que se encuentra en la leche, así como en otros productos lácteos. Es un disacárido, lo que significa que está formado por la unión de dos azúcares más simples, la glucosa y la galactosa. Para poder digerirlos, el cuerpo necesita romper esa unión; para ello utiliza una enzima llamada lactasa.

La intolerancia se produce cuando nuestro intestino delgado no produce suficiente cantidad de lactasa. Sus síntomas aparecen entre media hora y dos horas tras consumir los lácteos, variando en función de la cantidad de que hayamos ingerido. Entre otros, se puede sentir distensión abdominal, cólicos, diarrea, gases o náuseas

Cómo se puede llegar a producir

La intolerancia a la lactosa puede ser de dos tipos: primaria o secundaria, lo que significa que puede ser de origen genético (primario), o asociada a enfermedades intestinales (secundario). Los bebés producen lactasa para poder digerir la leche durante la lactancia materna. No obstante, es a partir de los 3 o 5 años cuando comienza a reducirse, e incluso desaparecer por completo la producción de esta enzima. 

Cómo debemos tratarla

Lo primero que debemos hacer para aliviar los síntomas asociados al consumo de productos lácteos, es reducir inmediatamente el consumo de los mismos, y de otros alimentos que lo contengan como aditivo, por lo que hay que prestar especial atención al etiquetado de cada producto. 

A día de hoy, las personas intolerantes a la lactosa pueden consumir una cierta cantidad de productos lácteos sin sufrir síntomas. Unos 100 ml de leche suelen ser tolerados, aunque la sensibilidad varía en cada persona. Los productos lácteos fermentados, como quesos semicurados o curados y los yogures son bajos en lactosa, ya que las bacterias con las que se producen fermentan este tipo de azúcar. 

Otras de las opciones a tener en cuenta es el consumo de productos sin lactosa, que como ya hemos dicho anteriormente, están ampliamente disponibles para todo el mundo, o bien consumir bebidas vegetales sustitutivas a base de soja, avena, almendras o arroz

Es posible sufrir carencias cuando se es intolerante

La leche y sus derivados lácteos, a pesar de que sólo proporcionan entre un 10 o un 15% de la ingesta energética, aportan cerca del 47% del calcio, el 42% del retinol (vitamina A), y el 65% de la vitamina D en la dieta. Además, son una fuente realmente importante de vitaminas B1 y B2, fósforo y vitamina B12. 

Ahora bien, como hemos mencionado anteriormente, la intolerancia a la lactosa no necesariamente impide el consumo de algunos productos lácteos, tales como el queso o los yogures. A esto hay que sumar que en la actualidad no hay problema a la hora de adquirir una enorme variedad de productos sin lactosa, realmente no hay que preocuparse por sufrir carencias. 

De manera que, con un diagnóstico adecuado y una dieta baja en lactosa, no tenemos porqué sufrir carencias de ningún tipo, siempre que la dieta sea saludable, variada y completa.