Si tienes hijos ten cuidado con los trastornos alimentarios

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“La mente tiene una gran influencia sobre el cuerpo, y en las enfermedades a menudo tienen su origen allí”. Jean Baptiste Molière

El 30 de noviembre es el Día Internacional de la lucha contra los Trastornos Alimentarios. Un día que ha nacido de la necesidad de visibilizar estas enfermedades, prevenirlas desde la niñez y mejorar la atención que reciben estos pacientes, en su mayoría mujeres. Además, se trata también de derribar algunos mitos que existen alrededor de estos trastornos, y que provocan que en algunas ocasiones se critique duramente a los afectados o produzcan rechazo, algo que además empeora el problema. Se ha visto en los últimos años un incremento en la prevalencia de estas patologías, algo que ha alarmado a la sociedad. Te contamos a continuación lo que hay detrás de estas patologías que son catalogadas como trastornos mentales severos al tener graves repercusiones biológicas y fisiológicas.

¿Qué tipos de trastornos alimentarios existen?

Existen varios tipos, pero todos ellos tienen en común una alteración persistente en la alimentación o en los comportamientos relacionados con ella, que dan lugar a una alteración en el consumo o absorción de los alimentos y, como consecuencia, daños significativos sobre la salud física y psicosocial. A continuación, hablaremos de algunos de los más importantes:

  • Anorexia nerviosa: Se define como un rechazo a mantener el peso corporal igual o por encima del valor mínimo corporal considerando el peso y la talla (IMC). Además, mantienen el deseo irrefrenable de seguir adelgazando a pesar de estar por debajo del índice de masa corporal (IMC) normal y un miedo intenso a ganar peso. Suele ir de la mano de una alteración de la percepción corporal, exageración de su importancia en la autoevaluación y negación del peligro físico que supone. Va acompañado de amenorrea en mujeres pospuberales: ausencia de ciclos menstruales. Existen dos tipos: restrictivo (recurren a la dieta, el ayuno y el ejercicio físico) y compulsivo o purgativo (recurren a conductas purgativas tipo laxantes, diuréticos o vómitos autoinducidos).
  • Bulimia nerviosa: Las principales características de este cuadro consisten en la presencia de atracones (ingesta de comida abundante en un corto periodo de tiempo) y métodos compensatorios inapropiados para evitar la ganancia de peso como ejercicio excesivo, ayuno, vómito, diuréticos o laxantes. Al igual que en el anterior, la autoevaluación propia está enormemente influenciada por el peso y la forma corporales. Existen dos tipos: purgativo y no purgativo, es decir, con presencia o no de purgas.
  • Trastorno por atracón: Consiste en episodios recurrentes de atracón en soledad que se caracterizan por una pérdida de control de la ingesta. Existe un profundo malestar al recordar estos episodios y le diferencia de la bulimia el que no se recurre a estrategias compensatorias inadecuadas. Se ha mostrado como una patología que sigue un patrón adictivo.
  • Vigorexia: No es un trastorno estrictamente alimentario y no está incluido en las clasificaciones diagnósticas psiquiátricas como tal, pero si comparte con estos la preocupación obsesiva por la figura y una distorsión en el esquema corporal. Se trata de un trastorno dismórfico corporal que se relaciona con el trastorno obsesivo-compulsivo, y que consiste en que la persona afectada se obsesiona con sus imperfecciones, lo que hace que perciba una imagen distorsionada de su cuerpo. Para compensar esto, se someten a un programa de entrenamiento con una intensidad constante y gran dureza, además de preocuparse extremadamente por su dieta y restringirla a ciertos alimentos, y uso de drogas para estimular su desarrollo corporal.
  • Ortorexia: Tampoco la encontramos en los manuales de diagnóstico clínico como un trastorno de la alimentación. Consiste en un cuadro obsesivo-compulsivo caracterizado por una extremada apetencia y selección de alimentos considerados como saludables. Tiene en común con los trastornos alimentarios la restricción en la dieta y el aislamiento social consecuente. Los afectados evitan obsesivamente alimentos que contienen o podrían contener colorantes, conservantes, pesticidas, ingredientes genéticamente modificados, grasas poco saludables, sal, azúcar y otros.

¿Cómo afectan a los niños y adolescentes?

Existen una serie de consecuencias que afectan gravemente a nuestros menores, algunas de las cuales presentamos a continuación:

  • Existe un riesgo de suicidio elevado en el caso de la bulimia nerviosa.
  • Problemas de tipo psicosocial: aislamiento y ruptura de relaciones significativas principalmente, malas relaciones familiares y sentimientos de soledad.
  • Disminuye la calidad de vida.
  • Empeora en muchos casos los síntomas anímicos y sienten una gran angustia.
  • Problemas físicos como hernia de hiato, desequilibrios electrolíticos, falta de leucocitos, anemia, mareos.
  • Conflictiva familiar que agrava en algunos casos los síntomas.
  • Muchos dejan de interesarse por actividades que antes les gustaba y las abandonan, por lo que su autoestima se ve debilitada en algunas áreas y relegada únicamente al aspecto físico.
  • Problemas en el rendimiento escolar, llegando en muchos casos a repetir curso.

¿Cuáles son sus causas?

Como en todos los trastornos de tipo psicológico, existen numerosos factores de riesgo, algunos de los cuales comentamos a continuación:

  • Temperamento: los trastornos de ansiedad, trastorno obsesivo-compulsivo y déficit de atención con hiperactividad (TDAH) incrementan el riesgo de evitación o restricción alimentaria u otros comportamientos del cuadro clínico. Otros factores son la baja autoestima, síntomas de tipo depresivo, ansiedad social u otros trastornos de ansiedad en la infancia.
  • Ambientales: nuestra sociedad es un importante factor de riesgo dada su promoción de la delgadez y su influencia en los adolescentes. Otros factores son acontecimientos traumáticos vividos a edades tempranas como muerte de un progenitor, haber sufrido abusos sexuales, dinámicas familiares, valores familiares, problemas de apego con los progenitores o haber sufrido bullying en la infancia.
  • Genética y fisiología: existe un riesgo mayor de padecer anorexia o bulimia entre familiares biológicos de primer grado con el trastorno. También se ha detectado un riesgo incrementado de trastornos bipolares y depresivos en estos pacientes, en especial en los que tienen el subtipo purgativo. La obesidad en la infancia y en la pubertad incrementan el riesgo de padecer bulimia nerviosa. También se ha visto que puede existir una transmisión familiar de la bulimia, así como marcadores genéticos de vulnerabilidad.

¿Cómo prevenirlos?

La prevención es el área en el que más necesitamos trabajar para que se reduzca el número de menores con este trastorno:

  • Educar en el mantenimiento de una dieta equilibrada y un ejercicio moderado.
  • Prevenir o poner remedio al alto índice de obesidad infantil que estamos experimentando en los últimos años.
  • Valorar desde muy pequeños a los niños por cómo son y no sólo por lo que hacen. Esto ayudará a que mantengan una buena autoestima a pesar de los fallos que cometan o los envites de la vida. Educar en resiliencia.
  • No dejar que nuestros hijos hagan dieta sin supervisión médica.
  • A la hora de hacer ejercicio, realizarlo siempre con un entrenador profesional.
  • Fomentar el autocuidado siendo además modelos del mismo: realizar chequeos físicos, llevar una buena alimentación, conservar los hábitos de higiene.
  • La comunicación familiar ha de ser fluida y dar la seguridad a nuestros hijos de que, sea cual sea el problema que tengan, pueden acudir a nosotros para que le ayudemos a encontrar una solución.
  • Promover un buen ambiente familiar sobre todo en las comidas hechas en familia, evitando críticas y discusiones en estas ocasiones. También que comer en familia sea algo frecuente, preferiblemente sin la presencia de la televisión.
  • En caso de detectar problemas psicológicos en nuestros hijos, acudir a un especialista. En este punto recomendamos tener a mano un seguro de salud familiar para tener un amplio abanico de profesionales a los que consultar.

¿Cuál es el tratamiento? ¿Tienen cura?

Existen tratamientos eficaces para la mejora de estos pacientes, aunque también no están exentos de dificultades. El tratamiento de recuperación de una persona con esta problemática es largo y complejo, pero muchos testimonios de personas que la han padecido nos muestran que de esta situación se puede salir. Algunas características del tratamiento son las siguientes:

  • La gravedad de los trastornos psicológicos que se presentan al mismo tiempo que el trastorno de la alimentación es un predictor de alargamiento del curso del trastorno, como son los trastornos de personalidad.
  • El tratamiento debe incluir a varios especialistas como dietistas, psiquiatras, psicólogos y médicos de diferentes especialidades para controlar el estado físico.
  • La colaboración familiar es fundamental en estos trastornos, ya que pueden ayudar en el mantenimiento de hábitos saludables. Además, puede ser necesario en algunos casos una intervención familiar, ya que los conflictos derivados de tener un hijo con este problema puede empeorar su sintomatología y las familias necesitan también apoyo.
  • En los casos más graves, existen unidades específicas de tratamiento en hospitales, hospital de día, y terapias grupales que son muy eficaces.

Una vez más animamos a prevenir y detectar de forma precoz estos trastornos para conseguir una pronta recuperación. En caso de no estar a gusto y conforme con el tratamiento, siempre se puede cambiar de especialista y buscar otro que nos guste más, pero es crucial no cesar en la lucha y la búsqueda de la salud nuestra y de nuestra familia. Porque, como ya sabemos y más en estos trastornos, el cuerpo lleva la cuenta.

Profesional de la salud desempeñando sus labores de Psicóloga General Sanitaria con más de 5 años de experiencia en el tratamiento, evaluación y seguimiento de personas con diversas problemáticas en el área de Salud Mental. Actualmente es psicoterapeuta en la Policlínica CEMEI y en el Equipo de Atención Psicológica (EAP) de Psicólogos Sin Fronteras (PSF) desde hace varios años.
Es licenciada en Psicología por la Universidad Autónoma de Madrid (UAM) y Máster en Psicología Clínica y de la Salud por la Universidad Complutense de Madrid (UCM). Regulada como Psicóloga General Sanitaria por el Ministerio de Sanidad y Consumo.