Veinte años del Euro ¿En qué nos hemos beneficiado?

Aegon Finanzas 20 años del euro

El 1 de enero de 2019 se cumplieron veinte años del euro. Desde entonces no solo ha pasado de ser la divisa de 11 países a los 19 actuales, sino que, con sus altibajos, ha sabido tanto afianzarse en los momentos buenos como servir de sostén en los malos, incluida una dura crisis financiera. Sin duda, tanto la moneda única como la institución que regula la política monetaria en Europa, el Banco Central Europeo, han sido fundamentales en todos estos años para el bienestar del ciudadano.

De moneda para los mercados a moneda real 1999-2002

El euro no surgió de la nada. Detrás de su nacimiento está el largo proceso de gestación de la Unión Económica y Monetaria que comenzó tres décadas antes. Desde los primeros intentos a principios de los 70 para estabilizar las cotizaciones de las monedas de los países de la entonces Comunidad Económica Europea, a la creación del ECU como unidad de cuenta y, por supuesto, al informe Delors de 1988 que activó los mecanismos para la creación de la moneda única en 1999.

En los tres primeros años fue una moneda «invisible» para muchos ciudadanos. A pesar de que el resto de las monedas eran subordinadas al euro, la transición para el consumidor fue lenta. No para los mercados financieros que ya operaban en euros desde el principio o para las empresas que si tuvieron que adaptar tanto su contabilidad como preparando los precios de los productos y servicios hacia la moneda única.

Pero en estos años que nos percibíamos aún la importancia del euro, ya luchaba cara a cara con el dólar. El “billete verde” quiso demostrar desde la entrada de este nuevo “rival” que era la divisa de referencia en los mercados internacionales sin rivales. Si a finales de enero de 1999 el euro ya cotizaba por debajo del dólar, en el mes de octubre alcanzó su valor mínimo histórico de 0,8230 dólares. A pesar de la caída de su valor, el euro siguió su paso firme y el 1 de enero de 2001 se incorporó el país número doce: Grecia.

El euro, pieza clave para superar de crisis

La llegada del euro físico supuso una operación logística sin precedentes. Se introdujeron cerca 15.000 millones de billetes y más de 50.000 millones de monedas. Los 304 millones de europeos que conformaban la zona euro en 2002 pudieron seguir usando su moneda nacional junto al euro los dos primeros meses, pero desde los primeros días fueron sustituidas muy rápidamente. El 3 de enero, el 96% de los cajeros automáticos de la zona del euro ya dispensaban billetes en la nueva moneda y una semana después del lanzamiento más de la mitad de las transacciones en efectivo ya se hicieron en euros.

Los primeros años fueron muy positivos para el euro. La economía europea crecía y a su calor fue ganando importancia, llegando en el mes de julio de 2008, cuando Estados Unidos sufría lo peor de la crisis de las hipotecas subprime, a su cotización máxima con respecto al dólar: 1,6038.

Pero la crisis no tardó en llegar a Europa. Los tipos de interés subían y muchos países tenían serios problemas para financiarse: Grecia, Irlanda, Portugal y Chipre fueron los primeros en recibir rescates, pero la situación se agravó fundamentalmente cuando se vieron amenazadas dos de las economías principales de la zona euro: Italia y España en el año 2012.

En el momento de máxima tensión, el 25 de julio de 2012, el tipo de interés del bono español se disparó hasta el 7,6%, pero al día siguiente el entonces presidente del BCE, Mario Draghi, realizó unas declaraciones que tranquilizaron a los mercados a la vez que consolidó el proyecto de moneda única: “la institución está dispuesta a hacer todo lo necesario para preservar el euro”. A través de compra de deuda y política monetaria expansiva, bajando el tipo de interés hasta llegar al 0% en el 2016, consiguió estabilizar los mercados y ser un pilar fundamental para la recuperación económica de los años siguientes.

Tras Chipre y Malta, se incorporaron a la zona euro Eslovaquia, Eslovenia, Estonia, Letonia y Lituania para formar el total de 19 países actuales. Pero no solo ha crecido en países, también lo ha hecho en la concienciación de los cambios que necesita el proyecto: más armonización fiscal y avanzar hacia la Unión Bancaria Europea.

El euro en el futuro

En estas dos décadas nuestra moneda ha sido fundamental para conseguir importantes beneficios con respecto al coste de financiación (de ciudadanos y empresas), mejorar las decisiones de inversión y consolidar el crecimiento económico de la Eurozona y la recuperación tras la crisis. Pero queda mucho que avanzar hacia la consolidación y convergencia entre países con políticas y sistemas muy diferentes.

Por eso, el futuro pasa sin duda pasa dar más herramientas al BCE más allá de la política monetaria para buscar esta convergencia. Un primer paso será el primer presupuesto de la Zona Euro que establecerá en este primer semestre de 2019, aunque la discrepancia de algunos países vaya a limitar su alcance ya que, por ejemplo, no se incluye un mecanismo de auxilio de aquellos países en crisis.

Aunque sea lentamente el euro tiene que avanzar a la par del proyecto de una Unión Europa más cohesionada y más fuerte.