Deja que el largo plazo trabaje para ti

Cuando antes empieces a ahorrar, mejor. Así dejarás que el largo plazo trabaje para ti y tus intereses económicos gracias al interés compuesto.

No te preocupes si al principio te cuesta proyectar tu idea ahorro a largo plazo. Es relativamente normal. Vivimos en una sociedad tremendamente consumista y el gasto inmediato resulta tremendamente atractivo para todos los perfiles.

Sin embargo, si tomas conciencia sobre lo limitados que son en el fondo los recursos económicos, probablemente empieces a pensar que ahorrar es una buena idea desde el mismo momento que comienzas a tener ingresos estables. También que el tiempo puede ser un buen aliado o un gran enemigo de tu dinero.

Por qué ahorrar a largo plazo es una buena idea

La sensación de la no necesidad de ahorro a largo plazo nace de la combinación de dos elementos. Por un lado, de los ingresos estables y más o menos continuados, por otro lado, del bienestar inmediato que supone el consumo.

La reflexión realmente es simple. La vida tiene altos y bajos a todos los niveles. Imagínate que en algún momento esos ingresos estables dejan de serlo, ya no tendrás acceso al consumo, no al menos de la misma manera. Esto es una suposición, sin embargo, en el caso de la jubilación es una certeza. Las pensiones de jubilación suponen una merma de ingresos en relación al periodo laboral. Dicho de otro modo, vas a dejar de ganar una cantidad de dinero cuando te jubiles.

Con la anterior reflexión puedes llegar a otra también muy simple: cuanto antes comience a ahorrar menos esfuerzo tendré que hacer para obtener la cantidad de dinero que necesito a largo plazo. Por tanto, el esfuerzo de dejar de consumir será menor si empiezas a ahorrar a los 30 años que si lo haces a los 50.

No hay mucho misterio en esto. Si necesitamos 100.000 euros para complementar nuestra pensión de jubilación, obviamente no será lo mismo repartirlos en ahorro en 17 años que hacerlo en 27, o, mejor aún, en 37.

Una economía saneada es una economía con respuesta a imprevistos

El largo plazo nos ofrece una clave de cualquier economía saneada: la capacidad de respuesta. En este caso la capacidad de respuesta es doble.

Por un lado, cuando antes comencemos a crear un fondo de reserva, da igual el formato que elijamos, siempre tendremos respuesta a imprevistos económicos. Los imprevistos económicos nos gusten más o menos, surgen en cualquier ámbito. Puede ser desde una avería en un vehículo, hasta una necesidad de reforma en el hogar, etc. Ser capaces de responder a ellos de manera inmediata, sin acudir a financiación con coste, es sin duda una buena idea.

Por otro lado, y no menos importante, vamos a ser capaces de aprovechar en el tiempo las diferentes herramientas de ahorro e inversión. Esto significa que vamos a poder modificar, con mucho tiempo, el destino de nuestro dinero. Podemos comenzar con estrategias agresivas, que van modificándose a lo largo de los años. La cantidad de productos financieros para la jubilación es muy grande, y cada vez son más las opciones que se abren ante nosotros. Desde los seguros de ahorro, un producto tradicional, seguro y adecuado para perfiles conservadores, hasta los activos de bolsa, más agresivos en busca de rentabilidad elevada.

La magia del interés compuesto

Hasta ahora hemos visto elementos prácticos que justifican el ahorro a largo plazo. Sin embargo, hemos dejado para el final el que es probablemente el elemento clave en todo esto. El interés compuesto.

El interés compuesto es el beneficio que obtienes en una inversión, que te permite a su vez ser reinvertido con el capital inicial para seguir generando intereses. Esto es lo que se conoce como efecto multiplicador. El beneficio de todo esto está en el hecho de ver cómo los intereses obtenidos se añaden al principal, aumentando la cifra inicial, y a su vez genera intereses. Es decir, hasta los propios intereses generan más dinero.

Pero esto lo podemos ver mejor con un ejemplo. Imagínate un rendimiento del 4% para una cantidad de 1000 euros. Si recogiéramos ese rendimiento anualmente, y volviéramos a invertir los 1000 euros, al cabo de cinco años habíamos obtenido un beneficio de 200 euros. Sin embargo, aplicando el interés compuesto, este beneficio aumenta hasta los 215,60 euros. ¿Te parece poco? Continúa tú mismo la progresión y llévala, por ejemplo a los 20 años. El resultado es simplemente sorprendente.

Primer año 1000 x 1+0.04 1040
Segundo año 1040 x 1+0.04 1081,6
Tercer año 1081,6 x 1+0.04 1124,86
Cuarto año 1124,86 x 1+0.04 1169,85
Quinto año 1168,85 x 1+0.04 1215,60

El efecto bola de nieve que el interés compuesto puede lograr sobre nuestro ahorro es una clave básica para entender el ahorro a largo plazo.