La verdadera clave para alcanzar la libertad financiera

Hay muchas formas de enfocar la libertad financiera. Una forma de hacerlo es pensar que la alcanzas cuando el dinero deja de ser un problema en tu día a día y a largo plazo.

Tendemos a asociar de manera inmediata la libertad financiera con tener mucho dinero, y esto no es necesariamente así. De hecho, encontrarás en la mayoría de casos asociado al concepto de libertad financiera otro concepto importante como es el minimalismo y frugalidad. Y es que de lo que trata la libertad financiera este poder vivir con lo que necesitas, y ser capaz de cubrir sin esfuerzo el gasto que esto genera. Así, ganarás algo mucho más importante que libertad financiera, tendrás libertad vital.

Aunque hay muchos elementos que influyen a la hora de tratar de obtener la libertad financiera, algunos resultan verdaderamente fundamentales, vamos a conocerlos.

La paciencia

El alcanzar la libertad financiera es un proceso que difícilmente se dará a corto plazo. De hecho, para la mayoría de personas es un camino a largo plazo. Piensa en la libertad financiera como el número de meses que puedes vivir sin ingresos. Juntar esa cantidad no es algo que pueda hacerse de la noche a la mañana.

El control del gasto y el ahorro son dos elementos fundamentales en este camino de largo recorrido, ya que, se debe convertir en un hábito. Sin embargo, ninguno de los elementos resulta sencillo, menos si no se tiene la paciencia suficiente.

El control del gasto exige disciplina pero también paciencia. Paciencia para saber soportar la renuncia a determinadas áreas del gasto en favor del ahorro. Esto en un modelo de sociedad consumista hasta el absurdo, como es la nuestra, resulta realmente complejo. Más aún, mantener la paciencia ante el control del gasto, cuando todo se nos muestra con cierta exigencia de inmediatez, resulta realmente difícil.

Por otro lado, la paciencia en el ahorro es fundamental. Pero, también es difícil. No resulta sencillo visualizar las ventajas del ahorro, sobre todo cuando se comienza, ya que, superada la emoción de hacer las cosas correctamente, el crecimiento del ahorro suele ser bajo. En este punto suelen entrar en juego las emociones que influyen en las finanzas, y la sensación de estar renunciando al gasto para nada puede ser una de estas emociones.

En definitiva, ser paciente y entender que estás en un camino largo pero que te va a proporcionar una mejora sustancial de tu calidad de vida es básico.

El pensamiento a largo plazo

El largo plazo nos ofrece una clave de cualquier economía saneada: la capacidad de respuesta. En este caso la capacidad de respuesta es doble.

Por un lado, cuando antes comencemos a crear un fondo de reserva siempre tendremos respuesta a imprevistos económicos. Los imprevistos económicos nos gusten más o menos, surgen en cualquier ámbito. Puede ser desde una avería en un vehículo, hasta una necesidad de reforma en el hogar, etc. Ser capaces de responder a ellos de manera inmediata, sin acudir a financiación con coste, es sin duda una buena idea.

Por otro lado, y no menos importante, vamos a ser capaces de aprovechar en el tiempo las diferentes herramientas de ahorro e inversión. Esto significa que vamos a poder modificar, con mucho tiempo, el destino de nuestro dinero. Podemos comenzar con estrategias agresivas, que van modificándose a lo largo de los años. La cantidad de productos financieros para la jubilación es muy grande, y cada vez son más las opciones que se abren ante nosotros.

Desde los seguros de ahorro, un producto tradicional, seguro y adecuado para perfiles conservadores, hasta los activos de bolsa, más agresivos en busca de rentabilidad elevada.

Pero es que, además, el largo plazo es la base de una herramienta fundamental para dar valor a nuestro dinero, y tratar de allanar y acortar el camino a la libertad financiera: el interés compuesto.

El interés compuesto

El interés compuesto es el beneficio que obtienes en una inversión, que te permite a su vez ser reinvertido con el capital inicial para seguir generando intereses. Esto es lo que se conoce como efecto multiplicador. El beneficio de todo esto está en el hecho de ver cómo los intereses obtenidos se añaden al principal, aumentando la cifra inicial, y a su vez genera intereses. Es decir, hasta los propios intereses generan más dinero.

Pero esto lo podemos ver mejor con un ejemplo. Imagínate un rendimiento del 4% para una cantidad de 1000 euros. Si recogiéramos ese rendimiento anualmente, y volviéramos a invertir los 1000 euros, al cabo de cinco años habíamos obtenido un beneficio de 200 euros. Sin embargo, aplicando el interés compuesto, este beneficio aumenta hasta los 215,60 euros. ¿Te parece poco? Continúa tú mismo la progresión y llévala, por ejemplo a los 20 años. El resultado es simplemente sorprendente.

Primer año 1000 x 1+0.04 1040
Segundo año 1040 x 1+0.04 1081,6
Tercer año 1081,6 x 1+0.04 1124,86
Cuarto año 1124,86 x 1+0.04 1169,85
Quinto año 1168,85 x 1+0.04 1215,60